La gentuza animalista ladra en las redes

El sábado, un toro desprendió en Arévalo parte del cuero cabelludo al diestro Juan  José Padilla. La alegría de los animalistas, deseando la muerte del torero, no se hizo esperar y, durante todo el domingo, los comentarios más soeces plagaron las redes sociales.

De las especies modernas, la del animalista es una de las más odiosas. No entender la diferencia entre hombres y animales les convierte en seres absolutamente idiotas. Y utilizar argumentos en su contra -en contra de los anti taurinos, en este caso- como que el toro no existiría si no es por la lidia o que vive feliz en la dehesa hasta que marcha a la plaza, no valen con ellos. A los animalistas hay que decirles que el toro vale el precio que pone el ganadero a los organizadores de la corrida, como el perro vale lo que acuerden perrero y cazador. Hay que decirles que el precio del toro está en función del valor de la ganadería, de las varas que es capaz de tomar, del juego que da en la plaza. El juego que da en la plaza equivale a lo que es capaz de divertir con su lidia a los señores con puro gordo que han pagado su entrada y a las señoras emperifolladas que les acompañan. De esa industria creada entorno a lo que sucede en el coso taurino comen muchas personas, también el torero, el ganadero, el de las almohadillas, el señor del bar en el que se toman los vinos previos y el que hace los trajes del luces y las monteras y los capotes, y la gente que cuida de la ganadería en el campo. Sus sueldos y la seguridad de sus familias está muy por encima de lo que valga la vida de un toro.

El torero, en cambio, es una persona. A las personas no se les puede poner precio porque es algo muy feo. Tendríamos que ponérselo no solo a Juan José Padilla, si no también a Pablo Iglesias, a Pedro Sánchez o a Quim Torra. Y podría darse el caso que alguien viniese con la pasta por delante. En fin, lo de siempre por estas fechas con la gentuza animalista.