La financiación de las autonomías: el coste populista identitario

El problema empezó con el art. 2 de la Constitución del 78: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.”

Sigue el problema, no sin reseñar antes que, en realidad, nadie sabe exactamente que quiere decirse con el término nacionalidad, en el art. 150.2: “El Estado podrá transferir o delegar en las Comunidades Autónomas, mediante ley orgánica, facultades correspondientes a materia de titularidad estatal… La ley preverá en cada caso la correspondiente transferencia de medios financieros, así como las formas de control que se reserve el Estado.”

Ya no el problema si no casi la broma sigue aún mas en el art. 157: “Los recursos de las CC.AA estarán constituidos por: Impuestos cedidos total o parcialmente por el Estado, recargos sobre impuestos estatales y otras participaciones en los ingresos del Estado; sus propios impuestos, tasas y contribuciones especiales; transferencias de un fondo de compensación interterritorial y otras asignaciones con cargo a los Presupuestos Generales del Estado; rendimientos procedentes de su patrimonio e ingresos de derecho privado y el producto de operaciones de crédito.”

Y la broma termina en el art. 158.1: “En los PGE podrá establecerse una asignación a las CC.AA en función del volumen de los servicios y actividades estatales que hayan asumido y de la garantía de un nivel mínimo en la prestación de los servicios públicos fundamentales en todo el territorio español”.

¿Qué significa todo esto? Que hay unos señores a los que, para que puedan jugar al populismo identitario, el Estado español les paga la cuenta sin que tengan que justificar un solo gasto y sin control alguno. Por ejemplo, en el año 2009, los recursos que cedió el Estado, sin hablar de Navarra y Vascongadas y sus absolutamente injustificados privilegios tributarios que se verán revalidados y mejorados hoy por el Congreso, significaron el 87% de la financiación de la película. Las CC.AA sólo se buscan la vida para un 13% de sus gastos. En gran medida se buscan la vida con endeudamiento, es decir, pidiendo créditos lo que incrementa la deuda y los intereses de la deuda pública. Para colmo el Partido Popular, concretamente José María Aznar, concedió a las autonomías capacidad normativa sobre tributos estatales con lo que se crean distintos mercados económicos dentro de España dificultándose aquello de las economías de escala y la existencia de grandes empresas capaces de exportar y competir en el mercado internacional lo que no es muy beneficioso para los españoles en su conjunto.

Hemos visto que quien financia las autonomías es el Estado. Sin duda, ello sucede en primer término porque las autonomías asumen funciones estatales y así puede parecer lógico que pague el Estado. Pero el cachondeo está en que el Estado transfiere dinero de sobra, o eso parece, ya que las autonomías hacen y deshacen lo que quieren y van mucho más allá de sus competencias. Con ese dinero de sobra juegan al populismo barato, lo paga el Estado español, y al mundo feliz identitario de forma que el Estado español, antaño instrumento al servicio de la Patria, paga actividades culturales y subvenciones para, en una palabra, promocionar ideas identitario-separatistas.

A mayores competencias transferidas, más dinero para las autonomías. Al leer los artículos de la Constitución citados se observará que el Estado español, en realidad, no tiene competencias exclusivas según la Constitución por cuanto todas son transferibles mediante una Ley Orgánica. La presión separatista, privilegiada por una leyes electorales infumables, Ley Orgánica tras Ley Orgánica, cesión tras cesión, tanto por parte del PSOE como del PP, quizá más del PP, ha ido obteniendo competencias que debieran ser del Estado y que ahora corresponden, siempre con cierta confusión y en todo o en parte, lo que hace mayor el galimatías, a las autonomías. Esas competencias no son buscadas por el ánimo de trabajar. Son buscadas con el ánimo de obtener y manejar más dinero.

Las CC.AA pueden gastar su dinero como les parezca sin que hasta el momento el obligado control estatal sobre las mismas exista aunque el art. 150.2 establezca que el Estado debe fijar mecanismos de control. Ni el PP, ni el PSOE han tenido a bien hacerlo. Parecía que la Unión Europea les obligaría a ello, por aquello de reducir el déficit al que las CC.AA contribuyen sustanciosamente, pero en realidad…

Así resulta que con fondos estatales se han financiado, se financian y se financiarán embajadas en el extranjero, medios de comunicación teledirigidos por sectores identitario-separatistas; políticas populisteras para secuestrar el voto con un dinero que paga el Estado español; como no, gastos culturales que, en realidad, son gastos destinados a difundir la ideología identitaria de turno y también empresas tapadera que en cada CC.AA ocultan deuda pública, que son deficitarias y que sirven para dar trabajo a familiares y amigos y alimentar una buena dosis de corrupción. Ahí tenemos también políticas de cooperación con otros países, o subvenciones a ONGs o políticas de inmigración particulares. Y todo lo paga el Estado español.

La presión, el engaño en las cifras y el ocultamiento de deuda es norma en las contabilidades autonómicas como fórmula para sacar más dinero al Estado. Las campañas electorales autonómicas consisten en la autovictimización sistemática, en echar la culpa a España de las carencias y en apuntarse los aciertos, mientras prometen el oro y el moro en ese populismo barato del que antes hablaba ya que, a fin de cuentas, quien paga es el Estado español.

Por lo demás, todo esto ha llevado a que las autonomías ricas hayan dejado de ser solidarias con las más pobres, hasta declarar la independencia, y a otro fenómeno curioso: ya no existe emigración interregional entre españoles. ¿Debe mantenerse este sistema más tiempo? Pues no sólo se mantendrá. Irá a peor. En breve. Y lo hará el PP. Hay que sobornar para una temporada a los separatistas catalanes. A ver si cuela. Con el nuevo cupo vasco ya se ha sobornado a los separatistas vascos.