La dudosa y a veces molesta defensa de las Cruces de los Caídos. Ahora toca Vall de Uxó

En este país, antes llamado España, hay un problema grave: lo mal que piensa la gente que piensa medio bien. Ese problema se plasma en una sociedad que vive inmersa en el mal generalizado sin que nadie reivindique el bien. A lo sumo se defienden raquíticos males menores. Otra circunstancia lamentable es que esa gente que piensa medio bien consigue apartar, eliminar, taponar la respuesta de la gente que piensa bien del todo a la que le toca conformarse con el mal menor para evitar la confrontación hasta con los que piensan medio bien.

En varias poblaciones se están retirando, con excusa en la Ley de Memoria Histórica, no Cruces, sino las Cruces de los Caídos, es decir, las Cruces que, terminada la Guerra Civil, se colocaron, en prácticamente toda España, con la finalidad expresa y clara de rendir homenaje a las víctimas del terror rojo que fue brutal. Al menos, 85.000 españoles inocentes asesinados.

La respuesta ante esta medida la están protagonizando los que piensan peor de los que piensan medio bien. Y la defensa consiste, más o menos, en que no debe retirarse una Cruz, en cuanto símbolo cristiano, y que estas Cruces no incumplen la Ley de Memoria Histórica para lo cual, en muchas ocasiones, se está aceptando borrar símbolos que acompañan esas Cruces y hasta los nombres de las víctimas del terror rojo que esas Cruces honran o, mejor dicho, honraban. Para colmo, el resultado, después de la bajada de pantalones anterior, es que, encima o a lo mejor por justicia divina, terminan retirando la Cruz.

Tal fórmula de defensa encierra dos realidades terribles. La primera es una especie de reconocimiento de que la Ley de Memoria Histórica tiene algún tipo de legitimidad moral; y la segunda es que esa vía de defensa es tanto como olvidar a las víctimas del terror rojo, a quienes lucharon para evitar el Genocidio Católico que llevaron a cabo los rojos y a quien mandó en esa batalla contra el terror rojo: Francisco Franco.

Si esa es la batalla que algunos cristianos quieren sostener con el objetivo final de que una Cruz, más o menos, siga en pie hasta nos molesta.

Muy fácil: las Cruces de los Caídos no pueden ser retiradas aunque lo diga una Ley de Memoria Histórica que es absolutamente ilegítima desde un punto de vista moral. Y eso hay que decirlo. Es absolutamente justo que con una Cruz se recuerde en infinidad de pueblos de España a las víctimas del terror rojo para honrar a esas víctimas y para recordarnos que los rojos fueron, son y serán unos asesinos. Y esto hay que decirlo. Y, por último, hay que decir que de esas Cruces no se borra símbolo alguno de aquellos que combatieron contra los rojos ni de quien los mandó: el general Franco. Y esto también hay que decirlo.

Si esta batalla se libra, los cristianos más chupiguay pueden estar tranquilos. Si esa batalla no se libra, primero quitarán las Cruces de los Caídos, las Cruces de Franco, y después que se preparen los cristianos, todos.

2 Comentarios

  1. Todo esto se lo debemos a ese gran cobarde llamado RAJOY, que ahora llora como un niño lo que no supo defender como un hombre.
    TUVO CUATRO AÑOS DE MAYORÍA ABSOLUTA para poder derogar esa ley, con los más de 11 millones de votos al P, Y NO SE ATREVIÓ A HACERLO…
    Yo no volveré a votarles en la vida.
    Ahora andan por los 8 millones de votos, escasos, pero en las próximas elecciones generales, no creo que pasen de los 6 millones.
    ¡Que era el techo electoral de FRAGA, dicho sea de paso, cuando España tenía 35 millones de habitantes, más o menos, y no 47, como ahora!

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