La delgada línea amarilla: sencilla, directa y honesta.

Sencilla, directa a pesar de su simbolismo, ya desde el título, y profundamente honesta. Como su personaje central, jefe de obra de una cuadrilla de trabajadores que pinta las discontinuas rayas centrales de unas carreteras secundarias que no son sino la propia vida.

Relato de sueños y derrotas, de existencias entrecortadas que a veces se tuercen y otras mantienen el pulso hasta recuperar el camino recto.