La comisión de la verdad, la comisión de comisiones, o la verdadera comisión

Era muy adicto a las expresiones grandilocuentes y vacías absolutamente de contenido, sobre todo cuando se encontraba en el ámbito internacional, en cumbres y reuniones de jefes de Estado o de Gobierno, en viajes oficiales o recibiendo embajadores. Su pupilo no podía ser menos cursi ni menos aficionado a resolver en una frase pretendidamente inspirada conflictos o posiciones encasilladas durante décadas. Por eso, Zapatero hablaba del viento y Sánchez se desplaza a Chile para soltar la bomba de la ‘comisión de la verdad’

Sánchez no sabe en qué consiste una comisión de la verdad, para qué se utiliza o cuándo se pone en marcha. Tampoco sabe lo que cuesta ni lo que implica en dotación de recursos humanos y económicos. Ni le importa una higa. Pretende una comisión de la verdad principalmente para poder sacarse del bolsillo otra de sus leyes de opinión con las que represaliar el pensamiento disidente y, de paso, enchufar y beneficiar a algún amigo o familiar (si es que aún queda alguno sin beneficiar).

Las comisiones de la verdad, instrumento siniestro por el que el gran hermano de la ONU (estructura supranacional para el control de las naciones), decreta y dictamina qué dictaduras son buenas y qué dictaduras son malas, qué países comercian y qué países se bloquean, se ponen en marcha tras conflictos armados o situaciones en las que cabe la violación de los derechos humanos. Desde su creación, los relatores de la ONU empiezan a entrevistar testigos y a recoger pruebas con las que elaborar informes. Luego redactan un estudio y cierran la investigación con sus conclusiones. Nunca ninguna comisión de la verdad ha descubierto la verdad de nada. Luego llegan los historiadores, años o décadas más tarde, y establecen hipótesis a la luz de las pruebas y defienden tesis a favor o en contra durante siglos.

En España ya se acometió en su momento algo parecido a una comisión de la verdad. Recogía testimonios de testigos y fotografías de los miles de asesinados por el bando republicano. Es, como mínimo, la mitad de lo que debería recoger la comisión de la verdad de Sánchez. Se llamó ‘La causa general’ y era un estudio muy serio, sin cursiladas ni grandilocuencias de sátrapa democrático de tres al cuarto.

1 Comentario

  1. A. Sánchez es tonto perdido. A lo máximo que podría aspirar en un país serio, normal y corriente, sería a DEPENDIENTE DE GRANDES ALMACENES (con todo respeto hacia ellos, por supuesto).
    B. Hace el ridículo por donde va. Y solo acierta donjuán rectifica:
    – No vamos a defender al juez Llanera, PERO DESPUÉS DICE QUE LE VAN A DEFENDER.
    – Provoca el efecto llamada de extranjeros, PERO LUEGO DICE QUE VA A PONER COTO A LA INMIGRACIÓN DESCONTROLADA.
    – Dice que va a suprimir EL VALLE DE LOS CAÍDOS, pero luego EXPLICA QUE QUIERE CREAR ALLÍ UN CEMENTERIO CIVIL.
    En definitiva, es un auténtico botarate, y que me perdonen los botarates por compararles con él.

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