Iglesias y Rufián, dos payasos en el circo del Congreso. Por Juan E. Pflüger

El Congreso de los Diputados debería ser, como sede del poder legislativo, el lugar en el que los representantes políticos deberían acudir con el ánimo firme de solucionar los problemas de los españoles. Es cierto que lleva muchos años sin ser eso, más de cuarenta. Pero los espectáculos que brinda últimamente hacen que pierda cualquier atisbo de respeto del que debería ganarse día a día.

El último episodio ha sido el enfrentamiento entre Iglesias y Rufián, por un lado, y el expresidente del Gobierno, José María Aznar, por otro.

Nunca fue Aznar santo de mi devoción, entre otras muchas cosas por desarticular la derecha española y, sobre todo, por haber firmado el Pacto del Hotel Majestic, en el que en aras de la «gobernabilidad», regaló a los separatistas vascos y catalanes competencias que nunca debieron cederse y que abrieron, en aquel lejano 1996, las puertas a la actual deriva separatista que hoy asola nuestra patria.

Sin embargo, los dos payasos que ayer actuaron en el Congreso, Pablo Iglesias y Gabriel Rufián, nos hicieron pasar un bien rato al ver como un expresidente revolcaba por el lodo a dos indocumentados que acudieron con el único objetivo de derrotar al veterano político al que ellos –ignorantes- consideran representante de la derecha más rancia.

Cualquiera que viese la comparecencia de Aznar se dio cuenta del ridículo al que sometió al comunista de la coleta y al separatista catalán que convirtieron en un espectáculo lamentable una comparecencia en la que se podrían haber aclarado temas de financiación y de corrupción política. Pero claro, los dos payasos tenían más que ocultar que el compareciente, y él lo sabía.

El intento de la izquierda de hacer su feudo de la sede del legislativo vuelve a mostrar como los dos payasos –Iglesias y Rufián- han llegado a la política para intentar ganar batallas décadas después. No solamente pretenden derrotar a Franco ochenta años después de que el militar nos salvase de la revolución comunista, han dejado claro que también pretenden derrotar a Aznar más de veinte años después de demostrar que la mayoría de los españoles no eran rojos.