If, if. Between, between

Carlos Puigdemont es un tipo rastrero. Se rodea de tipos aún más rastreros que él, como es el caso de su abogado, el filoetarra Gonzalo Boye. En su cobardía, ineptitud y devergüenza (no en este orden) presentaron una demanda contra el juez español Pablo Llarena, único escollo institucional, visto lo visto, a su presuntuoso golpe de Estado. Ni el Gobierno, ni los parlamentos nacionales, ni la Iglesia, ni las Fuerzas de Seguridad o el Ejército mostraron la profesionalidad de Llarena, que encontró solo amparo en un principio en la propia Magistratura, la ciudadanía y algún partido del arco extraparlamentario vestido de verde. El resto, mutis.

Saltó el escándalo por algo tan trivial como cambiar las palabras del juez para demostrar la prevaricación, es decir, dictar sentencia injusta a sabiendas de que es injusta. Esto, que es lo más grave a lo que se puede enfrentar un magistrado (que se lo pregunten al prevaricador Garzón, por ejemplo), es de lo que acusaba el etarra Boye al juez Llarena. Cuando fue descubierto el engaño, el mongolio aseguró que era un error de traducción (casualmente solo existía error de traducción en aquello que podía probar la prevaricación de Llarena y su desprecio hacia la presunción de inocencia de los políticos presos del Procés y no en otras partes del escrito). Era la disculpa de un mongolio, porque era de esperar que los periodistas, el juez o cualquiera que pudiese, se enterase de quién era la persona que hizo la traducción jurada y preguntase por el asunto. Los compañeros de El Español lo han hecho. Han localizado a la traductora, Delia S., y le han preguntado sobre dicha traducción. Y la señora Delia S. les ha dejado con el culo al aire porque resulta que el original que ella traduce está escrito en francés y hace su traducción al español y resulta que en el idioma de Zola el sí afirmación y el si conjunción tienen grafías distintas y, por tanto, a un traductor jurado no se le escaparía la diferencia.

Ahora que está tan de moda que los ministros astronautas se impliquen en los monólogos de humoristas conviene recordar al mongolio abogado filoetarra de Puchi, Gonzalo Boye un chiste idiomático que entiende cualquiera que no sepa inglés. Es el del tipo que entra preguntando en una academia si allí enseñan inglés y la señorita de la ventanilla le responde: If, if. Between, between.