¿Hasta dónde vamos a llegar con el mierda de Puigdemont?

¡Ya está bien!, la situación es ridícula, la situación es vergonzosa, cómo es posible que toda la Nación esté pendiente de si Puigdemont va a venir a España, o se le va a investir en forma de Holograma. Que todo un Estado como el nuestro, se encuentre en las fronteras, como si fuera una película de Louis de Funes, mirando los maleteros de los coches, por si acaso viniese escondido el presidenciable Carles; que se estén revisando las alcantarillas cada pocas horas para comprobar que la rata no hace su natural recorrido. Que se monte un dispositivo urgente de control y vigilancia sobre una avión privado en el Aeródromo de Ocaña, cargado de cazadores llegados de Bruselas, debido a un chivatazo que informaba que podría ser Puigdemont el prestidigitador, el mago del escapismo, el Houdini del nacionalismo; esto ya rebasa lo razonable. No se puede ser más ridículo, el estrambote no puede ser mayor. ¿Cómo se va a tomar en serio a los nacionalistas catalanes?, es necesario dotar de mayor seriedad a la política, tanto a la nacional como a la autonómica, es necesario romper con esta charlotada, porque es inaceptable que Puigdemont pueda entrar en el Parlamento Catalán escondido por las cloacas, o en el falso fondo de un vehículo, pero es igual de ridículo darle la réplica en este juego del escondite, en este estúpido pilla-pilla, en el que como el día 1 de Octubre, con la historia de las urnas de repente puedan aparecer con una carta escondida en la manga.
En este juego de tramposos, los trileros nacionalistas tienen las de ganar, por que tienen una mayor experiencia como tahúres del Mississippi, o del Llobregat, o del Delta del Ebro, pero tahúres a la postre, expertos en retorcer la realidad, para que acabemos confundiendo, lobos con corderos, víctimas con victimarios y Santos con Puigdemonios.