Guillermo Rocafort o la tesis derrotada frente a la Ley de Memoria Histórica

Guillermo Rocafort participó en un debate en Interconomía con Chema Urquijo sobre la Ley de Memoria Histórica. Rocafort yerra el tiro. Mucho. Defender la C/ Millán Astray a base de decir que Millán Astray no era franquista o no participó en el 18 de Julio y, por lo tanto, no se le puede aplicar la Ley de Memoria Histórica no nos parece lo más acertado, ni lo más creíble, ni lo más leal, ni siquiera nos parece algo de fácil venta. Si la tesis de Rocafort es sacar del barco a Millán Astray, aceptando la legitimidad moral de la Ley de Memoria Histórica y que ésta sea aplicada no solo a los militares golpistas sino también, a propuesta del propio Rocafort, a financiadores y jueces que apoyaron o sirvieron al 18 de Julio por no señalar sólo a militares, estamos “apañaos”.

Como dijo Chema Urquijo en ese debate, en representación del Ayuntamiento podemita de Madrid, estamos ante una cuestión de convicciones. Si Rocafort no las tiene claras, o no está dispuesto a defenderlas, o tiene complejo a que le llamen facha, o no puede hacerlo por la razones que fuere que no se erija en opositor público a la Ley de Memoria Histórica y, si está en su mano, mueva lo posible para que alguien sea capaz de sacar los colores al rojo de turno a base de algo tan sencillo como la verdad sin complejos.

No creemos que la mejor forma de defender el Valle de los Caídos sea insistir en que es un monumento muy bonito y muy visitado sino profundizar, por encima de todo, en el significado moral del Valle frente al significado moral de la Ley de Memoria Histórica y tampoco pensamos, aunque también, que la defensa contra la proposición de ley del PSOE sea acudir, esencialmente, a la libertad de expresión. Que alguien escuche a un comunista diciendo que no todas las ideas se pueden expresar, especialmente aquellas que atentan contra los derechos humanos, y no sea capaz de soltar aquello de hablo de puta la Tacones y preguntar en que términos vulneró el franquismo los derechos humanos, no es la mejor de las defensas. Oír hablar a un comunista de derechos humanos es como oír hablar de amor a un pederasta.

Como siempre la denominada extrema derecha optará por la peor de las salidas y desperdiciará la oportunidad de presencia pública que le brinda la actual Ley de Memoria Histórica y, no digamos, la que está por venir. De hecho es lo que viene sucediendo. Oponerse a la memoria histórica sin defender el franquismo, punto básico de las ideas-estrategia de toda la actual extrema derecha, es, en realidad, tanto como comparecer derrotados al debate ante las tesis contrarias. Ello hace, como en el caso de Rocafort, que se sea incapaz de responder si quiera a la calificación de Golpe Militar ilegítimo al 18 de Julio o a la acusación de vulneración de los derechos humanos por parte del franquismo emitida por, nada y nada menos, que un partido comunista como Podemos o por un partido de criminales como el PSOE. Por supuesto, decir que Franco se merece una calle en cada rincón de España se convierte en impensable.

Nosotros ya no somos partidarios de la reconciliación nacional. Es imposible reconciliarse con quien te insulta sistemáticamente y con quien no quiere esa reconciliación sino revancha. Nosotros somos partidarios de la memoria histórica, de la investigación plena de lo sucedido en la Guerra Civil y, por lo tanto, de una Comisión de la Verdad a fondo. Por supuesto, de la defensa, sin fisuras, de todo el franquismo y de todas las fuerzas que se sumaron entonces para ganar aquella Guerra Civil. Gracias a ellas no sufrimos una tiranía comunista y, años después, fue posible esta democracia que izquierdas y separatas acabarán por destrozar otra vez.