Gobierno de efectos

A la vista de los últimos nombramientos que quedaban por hacer a Pedro Sánchez parece que, como casi todo desde que irrumpió en política, guía su mano más la necesidad de sorpresa que la de resolución. Que no decimos que no nos gusten y que, acostumbrados a lo que había -y sobre todo a lo que podía haber habido-, nos parecen hasta acertado. A estas horas, sus compañeros de viaje deben estar flipando con el guapo. Iglesias preguntándose qué hace el chico de AR de ministro de Cultura y Deportes cuando andaban por ahí los Bardem y Amenabar de turno con muchas más películas sobre la Guerra Civil y más manifestaciones en el Congreso en su haber. Pero a favor de Sánchez hay que decir que ninguno de los últimos ministros de Cultura ha destacado por ella, ni creemos que haga falta saberse la alineación del Atlético Aviación cuando debutó en Primera para poder hacer que se sientan cómodos representando a España Rafa Nadal y Garbiñe Muguruza.

Los peneuvistas, que se frotaban las manos con el cambio de gobierno, se les han terminado pelado al advertir que al manso Zoido, sustituye Marlaska, “pluma, pluma, gay” pero azote de etarras y poco amigo de amenazas.

Si para Exteriores pones a Borrel y para Ciencia a Pedro Duque, hasta en el PSOE se van a quedar cuajados tratando de indicar un pero. Pero no hay ninguno. Tal vez alivio al comprobar que en el efecto, Sánchez ha restado aristas a los nombramientos. Con la jarca que hay ahí fuera esperando un cargo podemos darnos con un canto en los dientes.