Franco socialista a pesar del socialismo. Por Francisco Torres.

Cuando hace un par de semanas se anunciaba la aparición de mi libro Franco socialista. La revolución silenciada 1936-1975 no dejó de sorprenderme el debate, no proveniente de la izquierda, sobre tan retador título: unos por el exceso; otros, simplemente, porque estimaban, en un primer momento, casi que estaba insultando a Franco al no dar crédito a la afirmación. Hay quien estima que, en extremo, todo lo lógicamente permitido debiera haber sido plantear el título como interrogación y no como afirmación. Y eso que, de momento, el libro está a salvo del secuestro y la destrucción que, a buen seguro, ordenarían los actuales socialistas en caso de aprobarse el ataque a la libertad de expresión más grave de los últimos cuarenta años que sería su propuesta de reforma de la mal llamada Ley de Memoria Histórica.

Sin embargo, para el lector avezado en lo que en realidad fue el Régimen de Franco -utilizar el término Régimen es algo que pone de los nervios a algunos historiadores como, por ejemplo, Ángel Viñas- y para la inmensa mayoría de los posibles interesados en el tema, la utilización del término socialista dista de quedar circunscrita a la vinculación política del término o a la identificación monopolística con el PSOE. Estimo que son millones los españoles que asumen la identificación entre política social o políticas sociales con el calificativo de socialistas, con y sin comillas, lo que les lleva a hablar de verdadero socialismo. Yo mismo tengo la experiencia de que al explicar alguna de las leyes sociales del Régimen de Franco, en no pocas ocasiones, alguien me replique diciendo que eso son medidas socialistas. Y en este esquema de explicación razón no le falta.

 

Hasta estas líneas he guardado un prudente silencio sobre este trabajo a la espera de críticas autorizadas. Postura que, ahora, por deberes de promoción debo romper pese a ser consciente de que uno es un mal juez de su propia obra. Una obra que, probablemente, cualquiera de los aspirantes a censor que tanto abundan, incluso desde el mundo periodístico o académico, por no mencionar a los tertulianos de nómina, calificará, sin leerla, de hagiografía franquista; con intención claramente descalificatoria. Aunque sea tanto como poner la venda antes de que se produzca la herida.

 

Franco socialista. La revolución silenciada 1936-1975 (SND Editores, https://sndeditores.com/product/franco-socialista/) es un trabajo de investigación histórica -insisto en ello- que, conscientemente, huye de la autocensura que, por desgracia, está muy presente en la actualidad cuando se abordan determinados temas. Su objetivo no es trazar una biogarfía de Franco, sino explicar de forma sintética qué fue lo que algunos historiadores denominamos el franquismo social; que para mí es uno de los elementos básicos de lo que se viene a denominar <<el franquismo>> y que, sin tener presente su realidad, resulta difícil de explicar la legitimación más que del Régimen del propio Franco; el indudable apoyo popular que tuvo, que a mi juicio fue expandiéndose con el paso de los años y el desarrollo económico-social que se logró. A ese cambio es lo que yo denomino la revolución silenciada porque la España de 1975 se parecía en muy poco a la de 1940.

Abundan en los estudios políticos y económicos sobre el Régimen de Franco pero curiosamente, exceptuando las referencias al Derecho del Trabajo, son relativamente escasos las investigaciones sobre la política social y laboral del Estado de las Leyes Fundamentales. Quizás cabría preguntarse: ¿Por qué?

Por otra parte, algunos autores suelen tratar de difuminar o distorsionar su realidad refugiándose en la tesis de estar ante un mero paternalismo sin otra fundamentación que mantenerse en el poder (lo del paternalismo no es más que una invención de la izquierda para tratar de restar importancia a los avances sociales que no son consecuencia de su paso por el gobierno); negar la realidad del beneficio de esa política o negar su trascendenia recordando que se trataba de un dictadura y ya se sabe que una dictadura no puede hacer nada positivo. O, en último término, negar la mayor: que el Estado del Bienestar en España tiene su origen en el Régimen de Franco y no en la Transición o durante los años de gobierno de Felipe González.

 

Evidentemente no es esa la tesis que sostengo y demuestro. Es usual presentar a Francisco Franco como un ilecto, como un hombre sin mayor peso intelectual, mediocre, etc. Ciertamente Franco no era un ideólogo -no existe el franquismo como ideología propia-, pero escribió bastante (dudo, por ejemplo, que todos los expresidentes de gobierno posteriores a él, descontando en su haber los libros de memorias, puedan presentar en este aspecto mejor currículo). Dejando a un lado otro tipo de escritos, existen unos 8 tomos de discursos del Generalísimo que suman varios miles de páginas. Por ello en el libro prestamos atención a las propuestas de Franco contenidas en esos discurso, esas que no pocos historiadores rehuyen comentar. La conclusión es que lo que denominamos el franquismo social es programático y no coyuntural, es la resultante de llevar a la práctica un programa previamente anunciado (por ejemplo, ya durante la guerra Franco hablaba de potenciar el turismo) cuyas líneas maestras quedan expuestas entre 1936 y 1940. Es decir, por un lado presentamos cuál fue la propuesta y a lo largo del trabajo rastreamos cómo se llevó a la práctica y cuáles fueron los objetivos alcanzados. La resultante es un grado de cumplimiento altísimo de las promesas.

Ahora bien, el franquismo social no surge por generación espontánea es producto de la concurrencia de dos líneas ideológicas que Franco asume y hace propias: la Doctrina Social de la Iglesia y la propuesta social de José Antonio Primo de Rivera. A ello se debe asumir gran parte del conjunto de reivindicaciones sociales y laborales de la época y de lo que se denominaba el constitucionalismo social. Resulta curioso, y se debe tomar nota de ello, que ese constitucionalismo social que tiene expresión en la Constitución de 1931, con aportaciones introducidas por los diputados socialistas, es llevado en gran parte a la práctica por Francisco Franco. Su planteamiento y el de sus colaboradores será poner en pie un Estado Social. Y entre esos colaborases destaca la figura de José Antonio Girón de Velasco.

Ese Estado Social es edificado ley tras ley, en su arquitectura, entre la promulgación del Fuero del Trabajo (1938) y la aprobación de la Ley de Bases de la Seguridad Social (1962). Entre ambas todo un conjunto de medidas que crean el Estado del Bienestar que se completaría, en función de lo que hoy se considera como tal, con la aprobación de la Ley General de Educación (1970, conocida como la Ley Villar Palasí). Durante todo este periodo la política social y laboral se desarrolla al compás que la política económica; pero subrayemos que gran parte de la legislación, especialmente lo que denominamos hoy el <<salario social>>, se aprobó en tiempo de crisis económica, en los años de posguerra cuando lo habitual es que su aprobación siempre se postergue hasta los momentos de expansión económica. Por otra parte, es de resaltar, cómo las leyes no son estáticas se reforman con rapidez para corregir los errores.

 

A lo largo de nuestro trabajo abordamos, de forma sintética, los aspectos fundamentales de esa revolución: el desarrollo del andamiaje de seguros que conducirá a la Seguridad Social; el cambio en la estructura social que conduce a la destrucción de la lucha de clases a través de la desproletarización; las políticas -hoy inexistentes- de protección a la familia y a la maternidad; la lucha contra la enfermedad; la política de vivienda que hizo a los españoles propietarios de su vivienda; la política agraria que lleva al campo español a la modernidad; la alta protección al trabajador; el desarrollo económico acompasado al desarrollo social;  la realidad de las relaciones laborales; la elevación del nivel cultural de los españoles… en definitiva todo aquello que se creó prácticamente de la nada. Lo que lleva al lector a compartir nuestra tesis de que el actual y discutido Estado del Bienestar español tiene su origen en el Régimen de Franco.

Cierto es que conforme el lector avance en la lectura se encontrará con ese <<Franco socialista>>, especialmente si cae en la tentanción de hacer comparaciones (solo con trazar una comparativa en el caso de las indemnizaciones por despido, en la política de prestaciones por matrimonio, maternidad y número de hijos… es fácil asumir que Franco era más socialista que los socialistas; sobre todo porque no pocas de estas prestaciones fueron eliminadas por los gobiernos socialistas). Más allá de ello presentamos, y creo que es importante rescatar los datos, cuál era el dibujo que trazaba el Régimen de Franco para la década de los setenta, los objetivos a alcanzar en 1980. A buen seguro que más de un lector quedará sorprendido.

1 Comentario

  1. Si Franco hubiera sido socialista, a la muerte del Caudillo, el mayor producto exportado por España habría pasado a ser la meretriz o puta. El título no es acertado y hace bueno el desastre económico y social que para todo pueblo supone el socialismo.

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