Franco, el Rey, el Toisón de oro y un fascista llamado Juan López

¡ Qué malo era Franco !  ¡Cuánto daño hizo a la corona!.

En esto se podría resumir el diagnóstico del Franquismo realizado por cualquier iletrado o por algunos malintencionados con estudios. Pero cómo no… la realidad es otra, muy distinta mire usted.

De entre todas las falsificaciones históricas, de entre ese montón de mentiras tan profusamente difundidas, hay unas con las que no puedo, las de los cobardes, las de los tibios, las que provienen de las líneas de la derecha más rancia, las de los monárquicos.

Quizás de las pocas cosas que se le pueden echar en cara al Generalísimo era que siempre fuera un monárquico convencido, y que nos dejara aquí colocado al frente del sillón de mando, a Juan Carlos I, uno de los mayores especialistas en el borboneo, (dícese de la técnica utilizada por los borbones, para que la culpa siempre la tenga otro, mientras ellos se ponen a salvo teniendo el riñón bien cubierto).

Pero era lógico, Franco era consecuente, y habiendo sido gentilhombre de cámara y ahijado de bodas del Rey Alfonso XIII, que le agradecía así los servicios prestados  por su Patria, lo normal era tener simpatías hacia la causa monárquica por parte del Caudillo. Quizás lo que no era tan lógico es el ataque injustificado de muchos partidarios del Rey a Franco, sobre todo después de que este reinstaurase el poder a la Corona; y uno no puede por menos de pensar: ¿Dónde coño se encontraban los monárquicos recalcitrantes, cuando el abuelo del emérito cogía el petate y se marchaba camino de Cartagena, para no volver más?. Pero ellos, esos monárquicos han conseguido lo que parecía impensable; han logrado que la mayoría de los Españoles realice un rendez-vous constante a la figura de Juan Carlos I, a su real padre y a su veloz abuelo. Como siempre la realidad desconocida es otra, justo la que hoy vamos a contar para público conocimiento, que si bien está claramente demostrada, apenas ha sido difundida.

Se ha dicho que Franco se alzó en armas contra la República y por eso se le condena a él y a todos sus partidarios. A todos menos a uno; porque no olvidemos que D. Juan, el padre del Rey también fue uno de los partidarios de Franco, intentando al menos en dos ocasiones unirse al bando nacional. Habrá quien no nos crea, pero no era tan extraño si pensamos que Franco en el año 38 realizó un decreto de devolución de bienes y propiedades a Alfonso XIII y a la familia Real, propiedades que le habían sido expropiadas por la República, y que a sus órdenes (de Franco) se pusieron de forma expresa el propio Alfonso XIII, D. Juan de Borbón y más adelante, Juancar “el campechano”. Franco reanudó el pago de la pensión vitalicia que se le había retirado a la reina Victoria Eugenia. Franco, el que en el año 37 prometió la restauración de la Monarquía española,  el que finalmente terminó cumpliendo su promesa. Por eso no fue de extrañar tampoco que Juan Carlos en algún momento de lucidez llegase a decir incluso ante la prensa nacional y extranjera que “no toleraba que se hablase mal de Franco en su presencia. Cada cual debe saber de dónde viene y fue Franco quien me puso en el trono”. (debió de olvidarlo, a veces sucede si el hígado trabaja demasiado.)

D. Juan resultó ser un espejo de demócratas, al que los babosos más babosos de los monárquicos llegaron a llamar D. Juan III.

De D. Juan se recuerdan los manifiestos oficiales, el de Lausana y el de Estoril, escritos por sus consejeros de cabecera, Gil Robles, López Olivan y Pedro Sáinz Rodríguez, pero poco se quiere recordar que D. Juan se arrepintió expresamente de esos manifiestos, a los que consideró como excesos impulsivos de juventud, y que hay numerosa correspondencia con Franco que los mismos monárquicos se empeñaron en ocultar, pero es un hecho innegable, tan innegable como que en una de aquellas misivas se solicitaba por parte de D. Juan y dada su experiencia, por haber pasado por la Escuela Naval Británica, habiendo estado dos años en el buque “Enterprise”  poder ser incorporado como voluntario en el Buque “Baleares” de artillero, al servicio de la Marina de Guerra del bando nacional.  Ya había intentado unirse a los rebeldes en otra ocasión: El día 1 de Agosto del 36, se introdujo en España con permiso de su padre, el Rey Alfonso XIII  y entrando por Dancharinea (Valle del Baztán), en Navarra, se puso un uniforme de voluntario, (un mono azul, con una boina roja rematada con un Yugo y unas Flechas) y se fue con algunos amigos a unirse a los sublevados. Se enteró el General Mola y ordenó al también general Dávila que les interceptase, así lo hizo la Guardia Civil en el parador de Aranda del Duero, entre los identificados, dos llevaban documentación falsa, uno era el infante D. José Eugenio de Baviera a nombre de José Martínez, otro D. Juan de Borbón, que se hacía pasar por “Juan López”. Otro de los acompañantes era Carlos de Borbón dos Sicilias, hermano de la condesa de Barcelona, que más adelante moriría en la batalla de Eibar de un tiro en la frente. Al ser interceptados, se ordenó a Juan López marcharse por donde había venido y volver a cruzar la frontera, tal como ya le habían dicho los miembros de su cortejo, te van a echar en cuanto te cojan, pero habrás probado tu compromiso con los insurrectos frente al país.

El General Mola cuando los pone de nuevo camino para la frontera manifestó a sus hombres: “díganle a esos imbéciles que han acompañado al príncipe que no les hice matar de milagro.”, y que si reincide, el propio Juan López también será fusilado, eso sí… con todos los honores.

Por si acaso era verdad, en el segundo intento en el que quiso alistarse de marinerito, ya hizo la solicitud por escrito, y Franco le respondió:  Se agradece al príncipe de Asturias el intento de unirse  a la lucha que “transciende lo nacional y es parte de la defensa de la civilización cristiana de Occidente. Pero creo que el entusiasmo de unos y la obsequiosidad de otros, impedirían a D. Juan servir de forma adecuada en el Baleares, contra los dictados de mi corazón por declinar la apreciadísima solicitud”.  Bonita forma de Franco de… sin entrar en detalles, rehusar su participación, por lo que a partir de ese momento hacer barcos en la sopa fue su mayor contribución como marinero.  Ya había despertado mucha expectación su primer intento de alistarse entre los falangistas, que ansiaban verle llegar al frente, montado a caballo, de camisa azul y capa de armiño.

Acabada la guerra, D. Juan mantuvo conversaciones y reuniones secretas (y no tan secretas) con Franco, y aunque presumía de exiliado frente a su parroquia, lo cierto es que no sólo se reunió con el Generalísimo incluso en el yate “El Azor”, sino que además llegó a pactos y acuerdos, intentando incluso agradecer a Franco su labor en la defensa de España y de la corona, ofreciéndole en varias ocasiones ser el primer español condecorado con la orden del Toisón de oro, una de esas veces, fue con la ocasión de la boda de su hijo Juan Carlos en Septiembre de 1961, de eso hay constancia documental, y en ella se decía, que era la expresión del reconocimiento por parte de la Dinastía  de los altos servicios prestados por V.E a España a lo largo de toda su vida de soldado y de hombre público, Franco declinó el honor, por ser una condecoración que quizás no le correspondía a él ostentar, aconsejando a Don Juan que se asesorase históricamente. Por otra parte, haberla aceptado hubiera sido como reconocerle a D. Juan que era el soberano y él uno de sus súbditos.

Curiosamente los republicanos y las Brigadas internacionales tienen plazas calles y esculturas, D. Juan y su padre, tienen calles plazas y esculturas igualmente, una de ellas la conocida como “El cabezón” a la entrada del Recinto Ferial de Madrid.

Sin embargo, el que restituyó el orden social, quien frenó al comunismo salvaje  que robaba y asesinaba a diario, quien devolvió el trono a la dinastía borbónica, a ese, ahora pretenden quitarle hasta los honores concedidos, condenarle al olvido y al ostracismo, no reconocerle mérito alguno e incluso perseguir por apología de Franquismo a los que aún quieran recordar su magna obra.  Tendrían quizás que condenar por el mismo delito a Juan Carlos I, a su padre y a toda su borbónica familia.  Seguiremos rebuscando en las hemerotecas.

 

1 Comentario

  1. FRANCO NO NECESITA EL RECONOCIMIENTO DE ESTOS MIERDAS, pues YA ES PARTE DE LA HISTORIA DE ESPAÑA.
    Y estos mierdas, repito, no pasarán de una simple nota a pie de página, y eso en el mejor de los casos.

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