Francia vuelve a escuchar el ‘Allah akbar’

Lo sucedido hoy en Francia, a tan solo 30 kilómetros de París bien merece un minuto de atención. Casi hemos perdido la cuenta y el interés por el moro que al grito de “Alá es grande” profiere cuchilladas a diestro y siniestro, dispara un “kalaka” o hace explotar su cinturón de goma2. Pero hoy, el autor de los alaridos, había asesinado a dos mujeres. No sorprende tampoco el silencio cómplice del feminismo cuando el que atenta es un moro y cuando es la mujer -siempre- la damnificada por una religión de Satanás que la usa y la utiliza como se utiliza y usa una cabra o un camello. Lo que llama la atención de lo sucedido hoy es que las víctimas no son dos cualquiera en la vida del agresor. Una era su madre y, la otra, su hermana. Esto hace sospechar a los perspicaces gendarmes franceses que el crimen oculta motivaciones distintas de la fanática.

En estas cavilaciones va Daesh y se apunta el tanto del atentado.

Es decir, sea lo que sea, por lo que sea, con razón o sin ella, Daesh, el EI, Boko Haram o la puta madre de Mahoma, van a reivindicar sin paliativos cualquier subversión del orden y la pazque se pued provocar en occidente por uno de sus muchachos, aunque sea, no pudiendo atentar contra otro, carne de su carne y sangre de su sangre. Da lo mismo, no importa.

Así que, cuando nuestras autoridades europeas se pongan exquisitas a la hora de no querer marcar a todos con la sangre de unos pocos, habrá que recordar que en la estrategia de ellos está el marcar a todos como perros infieles. Que en su estrategia va inscrita la guerra total contra Occidente y que para llevarla a cabo se servirán de moros, negros y blancos, islámicos, filoislámicos o antisemitas, marroquíes, argelinos, libios, senegaleses o suecas oenegeras.

O Europa cierra sus puertas al Islam, a todo el Islam, a cualquier conato de islamismo, o sucumbirá (sucumbiremos) a sus manos.