Fractura social

A base de alinearse con cualquiera dispuesto a acabar con la concordia entre españoles, Pedro Sánchez ha conseguido que las tensiones salten por todas partes y que parezca irrealizable la reconciliación entre las dos Españas, hoy más evidentes que nunca.

Reconciliar es otra cosa. Alentar las pretensiones de los de los lazos amarillos, de los presos de ETA, de los podemitas resentidos con la Historia, es querer ganar en la paz lo que se perdió en la guerra. En el calentón, Pedro Sánchez y los suyos saben moverse como pez en el agua. Gobernar, hacer crecer una nación económica, social y culturalmente es otra cosa. Pero para eso se necesita algo más que un astronauta, un juez bujarra o una mujer empoderada que dice chorradas para demostrar su ignorancia en materia de marketing.

Para reconciliar no hay nada mejor que gobernar para todos, para el bien común general, mirando al futuro compartido antes que al pasado dividido. Para reconciliar hay que tener una visión de Estado, de conjunto, de Patria, de unidad de destino en lo universal. Pero esto es agotador. Consume mucha energía. Implica dedicación de por vida. Es mucho más sencillo destruir que crear.

Sánchez ha optado por echar vinagre en las heridas. Nos gustaría poder decir que fracasará en sus pretensiones pero la verdad es que no tenemos motivos para ello. Sánchez ha conseguido romper España por la mitad. Así que toca empezar de nuevo. Sabemos el camino de lucha y sacrificio que implica porque ya lo recorrimos hace más de 80 años. A nuestro favor, que ya supimos recorrerlo entonces y que estamos dispuestos a volver a recorrerlo.