Feminismo y conciliación laboral

La cantidad de tonterías que hay que oír, incluso de mujeres presuntamente razonables, a la hora de hablar de feminismo, es decir, de sus intereses egoístas  y conciliación laboral son asombrosas. ¿Algo se puede hacer? Es posible. ¿Significativo? Muy complicado salvo que se cargue a las empresas con un coste muy difícil de asumir  que, en el fondo, es duplicar el puesto de trabajo de la madre con hijos pequeños por alguien que garantice que va a poder cumplir el horario de trabajo normal y que garantice que no va a faltar cada dos por tres.

Metidos en el caos, lo que el feminismo propone es profundizar en el caos.  De alguna manera, lo que propone el feminismo es corregir el error que antes generó con otro error aún mayor que lleva a una situación más insostenible aún.

Que una mujer que tiene hijos y trabaja entra en una espiral infernal es cierto. ¿Puede el mundo laboral solucionar esa situación? Imposible, salvo la duplicación del puesto de trabajo.

¿Puede una empresa cargar con un empleado al que hay que hacerle un horario a medida más las excepciones inesperadas habituales e inevitables que suponen el cuidado y la educación de un hijo durante los primeros doce o más años de vida? La respuesta es que no aunque lo haga. Si la empresa lo hace, lo hace a costa de ser una peor empresa, lo que, en el fondo, trasladado a todo el mercado de trabajo nos hace peores a todos los españoles y más pobres a todos.

La mujer que es madre debe asumir la prioridad de esa labor sobre cualquier otra, incluso  sobre el deseo particular de una carrera profesional. A nadie se le obliga a ser madre. Y ser madre debiera ser una decisión trascendental tomada en el seno de la institución estable del matrimonio: por el bien de la madre, por bien del padre y por el bien de los hijos. No es posible educar  y cuidar a los hijos correctamente sin convertir la labor de madre en el trabajo a jornada completa  de la mujer que decide tener hijos.

¿Supone lo anterior algo horroroso? Supone que la filosofía de la vida no es la búsqueda individual de la felicidad sino el cumplimiento del deber. ¿Alguien se pregunta si a un hombre le apetece todos los días de su vida levantarse temprano para ir a trabajar y ganar el dinero suficiente para mantener y cuidar a su mujer y sus hijos?