Fallece el último divisionario mallorquín

El pasado sábado, 21 de abril, nos dejaba Don Andrés Fuster Fuster, último veterano de la División Azul que quedaba en Mallorca, y posiblemente en Baleares. Hace poco menos de 15 días que falleció su compañero de División Juan Martorell en Campanet.

Se oficiará un funeral por el eterno descanso de su alma mañana, martes, a las 20’00 en la Iglesia de San Magín en la barriada de Santa Catalina, en Palma de Mallorca.

Don Andrés nació en Montuiri -Mallorca- el 15 de enero de 1923. En julio de 1941 se presentó voluntario por Milicias no siendo aceptado por la edad y ser parte del sostén de sus once hermanos. El 20 de septiembre de 1942 vuelve a intentarlo en la oficina de Milicias de Falange de Manacor, siendo aceptado. Se incorpora a la División con su grupo de 22 voluntarios baleares que salieron en barco hasta Barcelona, luego a Zaragoza y Logroño, donde estuvo unos días de adiestramiento en el cuartel de Bailén. Con el 14 Bon en Marcha llega a Alemania y en septiembre de 1942 se incorpora en Rusia a su unidad que es la 14 del 262, con la que combatirá participando en la batalla de Krasnij Bor. Fue herido tres veces siendo hospitalizado. Regresará a España en noviembre de 1943. Le fueron concedidas la Cruz Roja del M.M., la Conmemorativa y la de Herido.

Siempre recordó a sus camaradas caídos, y la huella que le dejó marcada la División la plasmó en sus memorias escritas entre 1949 y 1959.
Para quienes tengan dudas del motivo que le impulsó para ir a Rusia, valgan estas líneas publicadas en su libro “La gran noche” donde lo deja perfectamente claro:

“Al mismo tiempo, dada mi condición, creo sería faltar a un deber sagrado e ineludible, indigno de un exdivisionario si desde estas líneas no rindiese mi más fervoroso recuerdo y sentido homenaje a los camaradas que, en las frías e inhospitalarias estepas rusas, encontraron la tumba eterna, después de arrastrar toda clase de penalidades y peligros, tan propios de la guerra. Vaya pues, a tantos héroes anónimos que escribieron con su sangre hispana páginas gloriosas en la historia de la valerosa División y cuyos pasos abrieron surcos victoriosos, dedicada por entero esta obra”.
Que Dios lo tenga en su gloria, a él y a sus camaradas divisionarios con los que comparte ya la guardia de los luceros.