Exhumación del Generalísimo. Será profanación y asalto, o no será

Real decreto, y andando. El Gobierno lo ha aprobado esta mañana en Consejo de ministros. 15 días de plazo (a partir del 31 de agosto) para que la familia se pronuncie sobre el lugar al que quieren que sean trasladados los restos de Franco y, si no, designará un lugar, según Carmen Clavo para su «digna sepultura», lo que podría interpretarse como cualquier punto de España. Las apuestas lo sitúan en Chafarinas o en el mismísimo Perejil, en la cabeza enfermiza y envilecida de los miembros del Gobierno. No Importa cuál vaya a ser, en adelante, el lugar al que tengan que peregrinar quienes se sientan agradecidos al Generalísimo. Calculamos que, en la dificultad, se harán más visibles y renacerá ese aletargado espíritu del 20N.

Como quiera que la familia ya se ha pronunciado, resta nada más el asalto y profanación del templo que, según el Gobierno, tiene ya su plan de ataque establecido. Será, dice, respetando los acuerdos con la Santa Sede. Si tal posibilidad pudiese darse, vaya nuestra renuncia por delante, porque sería evidente que la Santa Sede, o no es Santa, o no es Sede de la Iglesia Católica, por permitir la profanación y olvidar que la sepultura es la custodia del cuerpo a la espera del Juicio Eterno.

Calvo ha cargado también contra Felipe González y contra Rodríguez Zapatero por considerar que hicieron mal su trabajo en esta materia y transigieron con una situación inaceptable para un demócrata. Para ella, un verdadero socialista hubiese tenido que dar toda la prioridad a este tema, y es evidente que los anteriores presidentes del Gobierno socialistas no lo hicieron. Tal vez había algún motivo para ello. Pero los nuevos tiempos traen siempre gente mucho más lista, lo sabe cualquiera.

Así que, para el 15 de septiembre, ni Diada ni Cataluña ni nada. Franco, Franco, Franco.