España, un país donde se condena a un padre, por llamar alcornoque y julandrón a su hijo cuando ambos hacían los deberes

¡ Hasta dónde vamos a llegar ! hay padres que no se dignan sentarse a hacer los deberes de sus hijos, y les dan dos de pipas para irse a jugar a la calle, dejando que las tareas escolares se queden sin hacer y no les pasa nada, pero si alguno se sienta con su hijo a hacer los deberes, y… por exceso de confianza, por cabreo o porque no sabe hacerlo mejor, en el transcurso de la realización de las tareas, le regaña y le dice: pon atención, eres tonto o le reprende,… no me seas julandrón; entonces, se le puede caer el pelo.

Sobre todo si además tu hija te graba y se lo pasa a una indignada mamá de la que te encuentras separado.

La Audiencia de Granada ha condenado a un padre por un delito leve de vejaciones por esas opiniones despectivas que hemos relatado. No olvidemos que una condena de este tipo genera antecedentes penales. La expareja ejercía la acusación particular, e intentaba también que se le condenase por malos tratos y por maltrato habitual.

No decimos que esa actitud por parte del padre sea la más correcta, pero ningún padre hemos nacido sabiendo, y este en concreto según dice la sentencia, le dirigió expresiones en tono humillante e intimidatorio, como «trae el puto lápiz», «que tonto eres, macho», «so alcornoque».

Haciendo también los deberes de matemáticas y más en concreto unas multiplicaciones, también le dijo a su hijo algo tan grave como: «si tengo bolis y los multiplico, cómo pollas me va a dar gomas, me dará bolis».
Esas palabras fueron grabadas igualmente por la chivata de su hija, que remitió la grabación a su madre.

El tribunal dice en la sentencia, que se ha analizado con detalle el resultado de la prueba practicada en el juicio, así como la prueba pericial psicológica de dos peritos que han examinado a ambos menores. Agrega que no existen elementos probatorios relevantes para destruir la presunción de inocencia, en tanto que «no parece suficiente para una condena paterna por malos tratos habituales que los menores cuenten que el acusado se pone nervioso, cuando se sienta con ellos a hacer los deberes y pierde los nervios» o que incluso al hijo menor le ha dado coasionalmente «alguna colleja».

Acojonante, sencillamente acojonante, de todas estas actitudes, casi la que menos mala nos parece es la del padre. Aclaremos, segúramente no lo ha hecho bien, pero su actitud no es tan miserable como la de aprendiz de arpía de la niña que le graba; ni como la que tiene la resentida de la madre, que le denuncia y llega a ejercer de acusación particular. Creo que se nos ha ido el norte, estamos perdiendo los papeles, ¿ podrá seguir un padre ejerciendo un mínimo de disciplina cuando cansado de todo un día de trabajo se sienta con sus hijos a hacer los deberes?, o preferirá que le abandonen las fuerzas, y ante la duda que se le pueda escapar una palabra malsonante, preferirá encenderle a sus hijos la play en el futuro, mientras piensa que se desasnen solos, sólo si les apetece, claro está.