Entrevista a Juan Ernesto Pfluger: «Es mi deber, por honestidad intelectual, trabajar especialmente para desmontar la dictadura ideológica impuesta por la izquierda con el beneplácito de la derecha acomplejada»

El Muro del Pueblo Español entrevista a Juan Ernesto Pfluger. Historiador por la Universidad Autónoma de Madrid, profesor y periodista, Juan Ernesto Pflüger es ya un referente en los medios de comunicación políticamente incorrectos. Especialista en Interior, cuando no escribe sobre algún dispositivo de seguridad aprovecha para desenmascarar la última mentira de las leyes de Memoria Histórica. Habitual de las tertulias de Intereconomía y articulista de El Muro del Pueblo Español.

P. Historiador, profesor y periodista ¿Con qué te quedas?

R. Es difícil quedarse solamente con una de las facetas que uno ha elegido vocacionalmente. He tenido la suerte de poder compaginar tres ocupaciones que me apasionan. Pero si tuviera que elegir solamente una de ellas, me quedaría con la de profesor. Es muy gratificante el contacto diario con jóvenes a los que les estás explicando la evolución de España. Les trasmites los conocimientos suficientes para que sean capaces de identificarse con su patria, para estar orgulloso de ella y poder criticar los momentos en los que no fuimos un ejemplo a seguir. Pese a lo que pueda parecer a veces, tenemos una generación de jóvenes formándose que está anhelando que se les den los argumentos necesarios para saber de dónde viene el mundo en el que viven.

Por otro lado, la historia y el periodismo también me aportan grandes satisfacciones. La investigación histórica me permite poder entender cada vez mejor la España que hemos heredado, y el periodismo me da la posibilidad de compartir con todo el mundo las conclusiones a las que llego en esas investigaciones.

P. En La Gaceta hablas sobre Memoria Histórica e Interior y seguridad. ¿Qué tema te gusta más?

R. La Memoria Histórica me preocupa mucho. Creo que la censura no es buena, venga de donde venga. Y la ley que impuso Zapatero en 2007 no pretende otra cosa que censurar a todos aquellos que no piensan como él: que en la Guerra Civil y la posguerra hubo unos buenos y otros malos, sin grises. Se está imponiendo una visión única de la Historia, y eso es una aberración. Con la nueva reforma a la Ley de Memoria Histórica que está tramitándose en el Congreso, el problema se agudiza. Por eso creo que es mi deber, por honestidad intelectual, trabajar especialmente para desmontar la dictadura ideológica impuesta por la izquierda con el beneplácito de la derecha acomplejada.

Por otro lado, Seguridad e Interior, son dos contenidos periodísticos que me apasionan. Sería difícil no publicar sobre estos temas. Sobre todo cuando acaba de quedar claro algo que algunos llevamos años denunciando, que Guardia Civil y Policía Nacional, los garantes de la legalidad, son maltratados en sus nóminas frente a las policías autonómicas que, como todos hemos visto, tienden a un alineamiento con las corrientes rupturistas de España.

Pero todavía nos queda una equiparación que defender. La de las Fuerzas Armadas, una institución que el complejo del PSOE y el PP ha convertido en una ONG y que deber recuperar su misión de defensa de la unidad, integridad e independencia de la Patria.

P. Hablando de memoria Histórica. ¿Podremos llegar a convencer a la gente que es una gran mentira?

R. Claro que es una gran mentira. Es más, no existe ni un solo “memorialista” que no sepa que defiende esa gran mentira. El problema es que se ha montado un gran lobby en torno a ella. Hay centenares de asociaciones y personas que llevan viviendo a cuerpo de rey desde 2007 con los 24 millones de euros que se ha destinado oficialmente a la mal llamada Memoria. Además de al menos otros 12 que se han destinado por la puerta de atrás.

Debemos convencer a la sociedad de que la Guerra Civil fue un duro enfrentamiento entre españoles. Que en ella chocaron dos conceptos sociales y que en ambos lados hubo crímenes. Lo que no podemos permitir es que ochenta años después de aquella guerra se pretenda reescribir la historia de una manera tan parcial como pretenden. Eso es adoctrinar, una vieja y sucia costumbre de la izquierda.

El problema para convencer a los españoles de que la Memoria es una gran mentira es que en España no existe una derecha que sea capaz de quitarse el complejo y, de manera objetiva, devolver el debate a los historiadores.

P. ¿No es cierto que la LMH merece una respuesta contundente a nivel cultural, cuanto menos?

R. Por supuesto. La única forma posible de contestar es desde la investigación y la aportación de la documentación que demuestre que hacer una memoria histórica parcial es una barbaridad. Lo primero de lo que se ha preocupado la ley de Zapatero es de anular todas las sentencias dictadas tras la Guerra Civil contra los responsables de la represión en la zona republicana. La Causa General es la principal fuente de información para rebatir el principio que ellos defienden de que solamente hubo represión en un bando.

Pero todavía hay un grupo de historiadores que hemos decidido no tirar la toalla y mostrar la realidad de los hechos. Yo he participado en la exhumación de fosas de ambos bandos. ¡Cómo voy a dejar que se imponga la idea de que aquí solamente asesinaron unos! Es más, sigo con el convencimiento de que las barbaridades que se cometieron en la retaguardia republicana superan con mucho a las que pudieron cometerse en el otro bando.

La única respuesta posible es desde el estudio coherente de la historia. Si no se contesta documentalmente, caeremos en la misma falsificación de la historia que pretenden imponer los “memorialistas”.

P. ¿Qué tal se presenta 2018?

R. Este año va a ser trascendental para muchas cuestiones. En España nos enfrentamos al año decisivo para el proceso separatista. Será el año en el que sepamos si se va a solucionar definitivamente el desafío separatista catalán o si se volverá a dar prórroga a los criminales que pretenden romper la unidad de España. Sobre todo, porque lo que ocurra en Cataluña marcará el futuro de lo que pueda ocurrir en Vascongadas y Galicia.

Por otro lado, a nivel europeo veremos el posicionamiento y la fuerza que alcanzarán los movimientos identitarios nacionales frente al globalismo que pretende imponer la Unión Europea.

Yo estaré muy atento a lo que ocurre en Hispanoamérica. Allí hay varios procesos electorales que están mostrando el giro de esas sociedades que rechazan las falsedades de la izquierda. Argentina y Chile lo han demostrado, pero son una decena los países que se enfrentan a procesos electorales.

En definitiva, este año no va a darnos la oportunidad de aburrirnos.

P. ¿Qué proyectos tienes inmediatos?

R. De momento dejo el periodismo del día a día para centrarme en la divulgación histórica. Tengo previsto publicar un libro sobre los crímenes del comunismo en España.

Quiero centrarme más en las colaboraciones de opinión, en las que creo que puedo dar una visión diferente a la que parece imponerse entre las diferentes líneas editoriales. Creo que no hay opinadores que defiendan un patriotismo activo. En algunos casos por complejo, en otras porque quienes escriben o hablan han perdido cualquier resto de identidad con su patria, España.

Me gustaría poder realizar una labor de difusión y exaltación de valores y principios que han sido abandonados. Creo que no existe ni un solo pensador que defienda conceptos tan necesarios como la identidad nacional, los valores tradicionales y la reivindicación de determinados personajes de la historia de España.

P. ¿Qué te parece la aparición de un medio como EL MURO DEL PUEBLO ESPAÑOL?

R. Es una vía más que necesaria para difundir esas ideas que citaba en la pregunta anterior. Existen pocos medios que tengan el valor y el coraje de enfrentarse al pensamiento único impuesto por el globalismo. El Muro está en esa línea, por eso cuando me propusieron colaborar, no lo dudé ni un instante.

Hay un importante sector de la población que está huérfano de medios que reflejen su forma de pensar. Con la excepción de La Gaceta, en la que he trabajado estos últimos años, y algún otro medio, no hay una línea de pensamiento identitaria y patriota en el panorama periodístico español. Por eso El Muro tiene una misión que cumplir con la que yo estoy comprometido.

P. ¿Ves peligrar la unidad de España?

R. Es evidente que la unidad de España está en grave peligro. Lo estamos viendo en Cataluña, pero también en Vascongadas y en Galicia. Ojo a lo que está ocurriendo en Baleares y en la Comunidad Valenciana.

No es algo nuevo. La España de las autonomías ha conseguido el objetivo de sus creadores en 1978: romper el vínculo de unidad que existía entre todos los españoles independientemente de su ideología. Ahora estamos viendo los resultados.

Pero el riesgo para nuestra unidad nacional es mayor por la ineficacia de las políticas de los principales partidos. El PP y el PSOE se repartieron el poder municipal para satisfacer a sus redes clientelares. Podemos es un partido abiertamente separatista y ahora nos presentan a Ciudadanos como la gran esperanza para la unidad de España.

Pero el partido de Albert Rivera propone la supresión de las Diputaciones Provinciales que es, si cabe, la única institución territorial vertebradora ¿por qué no plantean la supresión de las autonomías y la recentralización administrativa? Solo así se conjurará el riesgo de la ruptura de España y se garantizará la igualdad real de todos los españoles.

P. ¿Qué es peor el separatista o el pasota con la situación independentista?

R. Los dos son muy peligrosos. El separatista porque es el responsable activo de la ruptura de la unidad de España, el pasota porque la actitud despreocupada da alas a quienes quieren acabar con el país más antiguo de Europa.

Por supuesto que el separatista me parece más peligroso, porque es quien activa los resortes de la ruptura. El pasota lo es igual haya o no riesgo de ruptura.

Pero para darnos cuenta del peligro, podemos llevarlo a la realidad política. Puigdemont sería el separatista y Rajoy el pasota. ¿Quién es más peligroso? Por supuesto Puigdemont, porque sin su órdago rupturista, el líder del PP no habría dejado clara su inutilidad para frenar el proceso separatista.

P. Estando incómodos en el Mundo Moderno ¿En qué etapa de la historia te hubiera gustado vivir?

R. Ningún patriota puede sentirse a gusto en el mundo moderno en el que la globalización apunta con todos sus resortes contra las patrias. Esa es la incomodidad que nos supone haber vivido en este periodo de la Historia.

Yo tengo dos etapas de la Historia de España en las que me gustaría haber vivido. Como historiador, la España de los Reyes Católicos. En ella se forja la unidad de nuestra patria, y se reunifica tras ocho siglos de guerra contra el Islam. Además, se crean las bases para la formación del mayor imperio de la historia que se gestó gracias al descubrimiento de América que ellos patrocinaron. Me hubiera gustado ser cronista de aquellos hechos.

Pero como español, hay un breve periodo de la historia, en líneas generales poco conocido, pero que me parece el más interesante. Se trata del periodo en el que gobernó el general Miguel Primo de Rivera, entre 1923 y 1929. El militar consiguió los mayores niveles de desarrollo y de prosperidad en España. Nos igualó a los estándares de desarrollo europeos y lo consiguió sin romper la tradición cultural y social española. Además, demostró que todos los españoles somos capaces de hacer una patria grande y mejor si alguien tiene las ideas claras para conseguirlo. En su Gobierno había representantes de ideologías tan diferentes como el socialismo, republicanismo, monárquicos tradicionalistas, católicos. Y frente a lo que se asegura generalmente, no fue una dictadura conservadora ¿un dictador de esa ideología permitiría la legalización del Partido Comunista de España, creado en 1927?

P. ¿Qué le pides al 2018 en España?

R. ¡Tantas cosas!, pero me conformo solamente con tres. La primera es que se acabe la locura separatista y que los españoles nos demos cuenta de una vez de que solamente cuando hemos trabajado unidos hemos forjado una patria grande. La segunda, que de verdad el paro deje de ser ese drama para más de tres millones y medio de familias en España. Y la tercera, que nuestros jubilados no tengan que sufrir por sus pensiones. Han trabajado para dejarnos una España mejor, han cotizado y se han sacrificado. Pese a las miserables maniobras de nuestros políticos, tienen derecho –se han ganado el derecho, lo han conquistado- de vivir con tranquilidad los años que les queden.