En las críticas a la sentencia de «La Manada» falta un mínimo de rigor jurídico

Como por arte de birli-birloque todo el mundo sabe de derecho procesal más que Carnelutti, o de derecho penal más que Rodríguez Mourullo, todo el mundo se cree con derecho a supervisar, corregir y enmendar la plana a los jueces que han dictado sentencia en el enjuiciamiento a unos hechos tan reprobables. ¡Pues no!, nadie se alegra de la violación colectiva, abuso sexual, u otro tipo de calificación jurídica que corresponda a los hechos enjuiciados. Un montón de meses para resolver; un voto particular, 371 páginas de sentencia, recorriendo cada detalle contenido en los Antecedentes de Hecho, en los Fundamentos de derecho y en el fallo, y la primera maruja televisiva, o el primer taxista que nos encontramos, se permite afear el fallo, de tan sesudos juristas, sin tener ni puta idea.

Porque además… ni hemos visto las declaraciones de la víctima, ni la de los inculpados, no hemos escuchado las testificales, no hemos visto los vídeos de los hechos, y aun así, una lluvia de conocimiento parece haber impregnado nuestros intelectos para saber más que los magistrados juzgadores. Algunos estudiamos Derecho, estudiamos Criminología, e incluso en mi caso, trabajo desde hace treinta y cinco años inmerso entre leyes y procedimientos judiciales, y aun así, no tenemos la desvergüenza de aventurar si los jueces en este procedimiento lo han hecho bien o mal.  Podríamos quizás, en una charla de bar, pensar… a estos de la manada… habría que cortárselos, como mero comentario; eso habilitaría también al taxista en su verborrea para llenar los espacios muertos de “una carrera”. Pero que políticos del calado del propio Ministro de Justicia, los representantes de la ONU, o los de la Unión Europea se permitan decir,( obviamente antes de leer los 371 folios de la sentencia, y sin haber visto la prueba presentada por las partes), que están indignados y que los jueces españoles deberían tener una mayor formación, o que se subestima la gravedad del delito, nos hace pensar en manos de quien estamos.  Que sea el tema prioritario de las tertulias … vale, que sea el eslogan más coreado de las manifestaciones de la fiesta del trabajo, no lo entendemos; pero que políticos que deberían hacer de la prudencia su norma de conducta, salten a la palestra, nos obliga a pensar que si se metiesen la lengüecita en aquel lugar donde la espalda pierde su casto nombre no se perdería nada.

Por cierto y sin entrar en el fondo de este hecho en sí,  ¿alguien se ha parado a pensar que si se subiesen las penas por abusos sexuales o por violación a cotas demasiado altas podría ser contraproducente para las víctimas? – Nos explicamos: Dando por hecho que los autores de una violación, sean efectivamente culpables, y que en nuestro deseo además de utilizar contra ellos el cuchillo capador, queramos que caiga sobre ellos la mayor de las penas, la cadena perpetua o veinte años sin permiso posible, lo cierto es que hay que establecer un escalado. Porque está criminológicamente demostrado que si las penas por violación y por homicidio son prácticamente iguales, al violador le sale penalmente gratis cargarse a la agredida sexualmente, y encima elimina el testimonio de quien más puede decir para que sea condenado. Es decir que gente más inteligente que el que esto escribe, y que los que lo puedan leer, dejaron claro que el espíritu del legislador era establecer diferencias entre los distintos delitos, el que agrede sexualmente y el que quita la vida.

Independientemente de que cualquiera de nosotros, como padres de hijas de edades similares, desearíamos vérnoslas a solas con esos angelitos.