El PSC no acudirá a la movilización en defensa de la mujer agredida cuando retiraba lazos amarillos

No diremos que nos sorprende ni que nos extraña. Era casi de esperar. El icono gay y líder del PSC en Barcelona, Jaume Collboni, se ampara para no acudir en que no quiere excitar más los ánimos en la guerra de los lazos amarillos y quepor eso no acudirá a la movilización en apoyo de Lidia, la mujer que fue brutalmente golpeada cuando quitaba lazos amarillos en compañía de su marido y sus tres hijos.

Hace justo un año, el clima de tensión en Cataluña, era muy similar. Los dos principales partidos que han creado durante los años democráticos la mayor división en la ciudadanía catalana, el PP y el PSOE, compiten esta vez en el arranque del curso político en una situación de agresividad y calentón generalizado. Ni sirvió la mano blanda de Rajoy y su 155 ni, mucho menos, servirá la condescendencia de Sánchez. El PSC se puede poner de perfil porque en sus filas la traición y el asesinato son congénitos. Lo llamaron regionalismo para no llamarlo autonomismo y lo llaman federalismo para no llamarlo independencia. Pero, en el fondo, es eso. Del mismo modo que el PSE es filoetarra y Chimo Puig cree en los «Países Catalanes». Precisamente por eso, ninguno de estos dos partidos tiene solución para España. Reducir el problema catalán (hoy roto el fuego definitivamente y con una escalada de agresiones in crescendo) a un problema regional es no entender que su españolidad no tiene discusión posible, de la misma manera que no se puede discutir que el padre de tu padre sea tu abuelo. Por esta obviedad vamos a matarnos. Por esta obviedad y porque los líderes del PSOE, tan preocupados en comisiones de la verdad, niegan sistemáticamente la evidencia de España.