¿El Pollo, las 13 rosas…? Tanta paz lleven como descanso dejan

Se cumplen ahora 10 años de la muerte de Carlos Palomino, un antifascistas que,  de caza,  se encontró con una presa inesperada y rebelde. Alrededor de su muerte se tejió toda una maraña progre que obtuvo una condena brutal, por asesinato, contra alguien que, rodeado en un vagón de metro, se defendió y tuvo la mala suerte de que  con una sola  puñalada mató al Pollo.

Ahora, como con las terroristas de las 13 rosas, el mundo antifa construye su mito. El relato que, por ejemplo, hace Público de los hechos es,  éfectivamente, la decripción de un asesinato. No vamos a reproducirlo aquí por no perder el tiempo. Lo que no cuenta Público es la verdad. Quien fue condenado por asesinato estaba sólo en un vagón de metro. A ese vagón se suben del orden de entre 20 y 30 antiafascistas, le identifican como enemigo político por la marca de su sudadera, le  rodean y el Pollo se dirige a él. Es evidente que la puñalada sucede medio segundo antes de que empezara la agresión de los antifascistas.  Tal vez debió dejar que lo  apalizaran, quedar papapléjico o perder un ojo lo que ya han hecho los antifas en más de una ocasión y posiblemente aquel chico, militar, lo sabía.

Las 13 rosas eran terroristas. Mataban a militares, a chóferes de militares y a hijas de 16 años de los militares. Así que, el Pollo, las 13 rosas y tantos y tantos asesinos de la izquierda convertidos en mitos, tanta paz lleven como descanso dejan. Si este país fuera un estado de derecho de verdad, la condena contra quien apuñaló al Pollo se revisaría.