Memoria Histórica Borrada: El pacto de Santoña (II Parte). Los gudaris que huían como ratas

Hace unos días publicábamos la primera parte de este rocambolesco episodio rescatado de los cajones de la desmemoria histórica, allá donde todos estos modelos de perfección esconden sus miserias. Entremos en harina:

Debemos recordar que poco antes de los sucesos de Santoña, ocurrieron otros sucesos, por ejemplo los del cerco al Bilbao republicano; con el agua, la luz y el gas cortados por los nacionales, sólo les quedaba a esos “valientes gudaris”, resistir el asedio o la carretera de Santander que se encontraba expedita… ¿Qué creen que hicieron?

Más de 20.000 soldados podrían haberse hecho fuertes en la ciudad, con abundante material y comida, además tenían la oferta de un Ejército de socorro, de asturianos y santanderinos.  Pero la respuesta del Euzko Gudarostea fue pobre, tan pobre que se limitó a una tarea de contraataque por parte de tres batallones en Archanda para contener a los nacionales, pero sólo para mantenerlos entretenidos mientras facilitaban la huida del resto; total, la localidad de Trucíos, aún vasca, pero ya lindando a tierras de Santander, estaba ahí mismo y tras ella, los bosques de eucaliptus que guardaban los caminos hacia Ramales, Castrourdiales, Limpias o Laredo, y un poco más allá la Meca de los nacionalistas vascos, Santoña.

Podían haber optado por defender y quizás perder la batalla de Bilbao, pero lo único que perdieron fue el culo para salir corriendo. Las órdenes de la República eran claras, si se veían obligados a huir, antes debían destruir la Industria vasca, para que no cayese en manos del enemigo, pero los vascos que a estas alturas no tenían claro quien sería en breve su enemigo, pasaron de las órdenes de Indalecio Prieto, llegando a enfrentarse incluso a los mineros asturianos que traían dinamita como para hacer una mascletá.

Podemos calcular que en Bilbao, los defensores debían de tener unos 20 millones de balas de fusil, 70.000 granadas de mortero y miles de granadas de mano; más de la mitad eran de fabricación vasca, con lo que además podían garantizar el suministro. En su huida, no pudieron llevárselo todo, no quisieron destruir lo que quedaba y acabo siendo usado, como se temía la República por los franquistas.

La rendición de Bilbao, como preludio de la de Santoña fue patética, Los requetés llegaron a entrar en San Mamés sin pegar un solo tiro y ya para entonces se habían rendido dos comandantes Gudaris con todos sus hombres. Eso sí, mientras se rendían seguían gritando Gora Euzkadi Azcatatuta, a la vez que hacían entrega de camiones con decenas de ametralladoras pesadas y ligeras. Se llegaron a descorchar botellas de champán y brindaron con ellas tanto franquistas como nacionalistas por la inminente entrada de los sublevados en Bilbao. Bilbao se rindió a los españoles, Baracaldo a los Italianos. Es de reseñar que mientras que los republicanos que se entregaban lo hicieron tras combatir,  y lo hacían de manera aislada, los nacionalistas lo hicieron con unidades enteras, rendiciones pactadas de antemano (unos 10.000)

El trato para ellos fue tan favorable que en el peor de los casos hubo penas de prisión no superiores a tres años, y con un breve destierro y 10.000 pesetas de multa, volvieron a casa, con todo arreglado. Los jueces Franquistas incluían generalmente en sus sentencias lo siguiente: “Que los batallones que se rindieron en Bilbao prestaron un eficaz y positivo servicio a la causa del orden y en definitiva a la de España”.

Por entonces el cura Onaindía, artífice de las conversaciones con los italianos preguntaba al Presidente Aguirre, que hasta dónde lucharían los gudaris, contestando el Lendakari, que hasta la frontera con Santander. Ya estaba todo dicho. Había que intensificar las negociaciones con los fascistas Italianos para la rendición. Al día siguiente de la caída de Bilbao, estaba ya Onaindía pactando con Cavalletti, en su oferta de rendición los nacionalistas ofrecían: Fábricas intactas, casas enteras sin saqueos ni desórdenes, y haber evitado la voladura de las universidades vascas, ya con la dinamita puesta.

Los CTV  (Cuerpos de Tropas Voluntarias de fascistas italianos) en el norte eran unos 7.000 hombres.

Lo primero que se les explicó a los fascistas era por dónde debían atacar en Santander para que los gudaris pareciesen obligados a entregarse, comprometiéndose con los italianos a lo siguiente:

  1. Los vascos no lucharían, quedarían a la defensiva.
  2. Los italianos dejaban libre el mar para entrada de víveres y salida de evacuados vascos (unos 100.000) –No se bombardearía la población civil.
  3. Los Fascistas no atacarían desde Euzcadi sino desde Reinosa y el puerto del Escudo para que no tuviesen que salir los vascos de su demarcación territorial. Y además a los responsables políticos y militares se les permitiría el paso a Francia.

El Euzco Gudarostea, el ejército vasco fue entonces cuando se le consideró el inventor del término corricolari, ante la hilaridad de los nacionales y de los propios republicanos. En Santander llegaron a colgarse carteles como si fueran “el paso de meta” que decían:  “Santander saluda a los corredores Vascos”.  Los nacionales decían que huían a tal velocidad que era imposible acordar el adiós a las armas. Los mineros asturianos, los conocían como el batallón “Patrás”.

Aguirre mientras tanto decía: Que el gobierno vasco… seguía en su puesto. Lo mismo en Euzcadi, que donde estuviese su puesto. Que el pueblo vasco no había sido vencido sino temporalmente avasallado y ultrajado. Después de escribir esta manifiesto se marchó de  Euzcadi, y no volvió nunca.   Onaindía se fue a Italia a negociar con el Conde Ciano (Yerno de Mussolini), y empezó a contarle obras y milagros del conflicto vasco, Ciano que no tenía ni puñetera idea de que hubiese un conflicto en el “país vasco”, dijo que lo hablaría con su suegro, suspendió la reunión, y a la tarde ya tenía la contestación de Mussolini,  había mandado un mensaje a Franco hablando de que eran fervientes católicos que se habían equivocado de lado, pero perfectamente reutilizables. El Caudillo contestó por telegrama, y entre otras cosas decía: “Considero difícil que las fuerzas vascas obedezcan las órdenes de Aguirre, ni que los Rojos le dejen darlas. La entrega de los vascos, si se lleva a cabo, facilitaría la guerra grandemente, aunque luego Asturias pueda extremar la resistencia”.

En el camino a Santoña, el gobierno vasco alzó la Ikurriña en Santander, como delegación del gobierno vasco en Cabo Mayor, donde constituyó la sede, pero a medida que vieron que se iba sospechando de su traición y que su seguridad no estaba garantizada, por las constantes escaramuzas con los republicanos en Santander, se fueron a correr la siguiente etapa, Laredo y Santoña fueron los lugares escogidos para fijar la meta.

En Santoña, ya habían contratado la llegada de una docena de barcos, muchos de bandera inglesa para la recogida de los que ponían pies en polvorosa.

Los barcos que no llegaban… las unidades de tradicionalistas Navarros deseando entrar en combate… y algunas diferencias de criterio entre Presidente vasco y Presidente del PNV, hacían que Onaindía diese algunas largas y marease la perdiz de los italianos, que les habían exigido una entrega rápida si querían que mantuviesen las condiciones pactadas, que tenían fecha de caducidad. El 23 de Agosto, comenzó la revolución de los gudaris contra la república, con la sirena que servía para anunciar los bombardeos, se dio la sonora consigna para iniciar el golpe de estado, se arriaron las banderas republicanas, se izaron las ikurriñas por todos lados y se declaró la “República Vasca de Santoña” y se desarmó a los 300 cadetes de la academia militar de Santoña, permitiéndoles el paso a ellos y a sus mandos, para que tomasen el camino de Asturias, igualmente sucedió con otros dos cuarteles, uno de infantería y otro de artillería. ¿Alguien había oído alguna vez que los nacionalistas vascos se hubiesen alzado en armas contra la república? No hubo derramamiento de sangre, porque se rindieron y a cambio de ceder los cuarteles, se permitió la salida, brazos en alto a los sitiados, porque ya para entonces se habían emplazado frente a los cuarteles las baterías artilleras, y una compañía de ametralladoras.  La mayoría de los militares republicanos creyeron rendirse a las tropas de Franco, y decenas de años después seguían creyéndolo.

Inmediatamente  después se nombró la Presidencia de la República Vasca y su Consejo de Ministros.

Valoremos el absurdo que supone que la primera y única vez que los vascos han sido independientes, lo han sido en territorio de sus vecinos santanderinos con quienes la relación era pésima, y de manera tan efímera que en unos días le iban a entregar su soberanía a otro estado extranjero, la Italia fascista de Mussolini.  Si Sabino Arana levantase la cabeza… estos indepes son así, ellos querían poder darse ese capricho. Me recuerdan a otros que tras la declaración unilateral de independencia la dejaron en suspenso, y salieron también corriendo.

La sede de la República Vasca, se fijó en el palacio de la duquesa de Santoña, propiedad de la hermana del Conde de Romanones, Doña Sol.

Según el acuerdo de Guriezo se marcaban las normas de rendición del ejército vasco, por “el bien de España”  se iban a entregar a los “flechas negras” italianos, la entrega por el puente de Pontarrón y de la Magdalena se haría en grupos de mil en mil, (unos diez miel), llegarían armados y pertrechados, y al llegar entregarían las armas donde se les dijese. Mientras tanto para garantizar la seguridad y las propiedades quedarían batallones vascos repartidos por distintas localidades como Colindres, Limpias, Ampuero, Carranza y Santoña, y aquellos otros que los vascos considerasen conveniente, la totalidad de los hombres que se pasaban con armas y material de guerra diverso se estimaba en unos 30.000 hombres. Se respetaba la vida de todos excepto de los que hubieran cometido crímenes, los gudaris liberaron a los derechistas y falangistas que se encontraban en el penal de Santoña, y oyeron misa de acción de gracias juntos.

Mientras tanto la tensión subía, las Brigadas de Navarra, (tercios carlistas) querían llegar antes de la rendición, y acabar con la situación a su manera, total… la guerra en Santander estaba siendo un paseo, sólo en una jornada se habían rendido a los italianos catorce batallones. Habían llegado a poner un bando los republicanos, diciendo que sólo se podían rendir de noche, transcribo textual: “Como consecuencia hechos registrados se dispone con carácter general que durante combate no pueden admitirse rendiciones en masa con manos arriba, lo que expone a viles estratagemas que cuestan caras. El que desee pasarse debe realizarlo durante la noche anterior al combate, individualmente, o tirando las armas al suelo”  óigaaaa, es el enemigoooo, (¿a que parece de Gila?).

No fue esta la última de las situaciones curiosas, en el Dueso y en Laredo, después de liberar a los nacionales que allí se encontraban, quedaron como presos, en régimen de semilibertad y vigilados por los fascistas italianos, los gudaris; entre ellos 45 sacerdotes nacionalistas, el 29 de Agosto fue épico, una misa mayor concelebrada, con miles de nacionalistas entonando el “Libérame Dómine”. Los italianos flipaban, decían que habían venido a luchar contra ateos y comunistas, y aquello parecía la Plaza de San Pedro.

Habían llegado los fascistas un tanto acongojados, no era para menos; imaginemos la escena, unos 7 u 8.000 hombres ante los que se rinden entre 20.000 y 30.000 soldados, que permanecieron hasta el último momento armados; vamos que si se van a por ellos, tocaban a un italiano por cada cuatro vascos. Todos los gudaris rendidos en menos de tres años estaban en libertad, la mayoría de las condenas a muerte fueron conmutadas por cadena perpetua, y aún así, estos quedaron libres en tres años, hubo pocas excepciones, una de ellas la del Jefe de la I Brigada del Ejército Vasco, Ramón Rabaneda Portillo, (padre del famoso Paco Rabanne), que fue fusilado el 15 de Octubre tras un juicio sumarísimo junto a otras catorce personas.

Como cierre de este artículo, menos breve de lo que me hubiera gustado, pero aún escaso para lo que quisiera haber dicho, vayan estas reflexiones de Juan Antonio de Blas,  escritor de corte anarquista, que tuvo siempre bien clara la realidad de Vascongadas; por su vocación libertaria se mantiene muy alejado de los circuitos comerciales, pero es de interesante lectura. De Blas mantiene, y no le falta razón que la guerra civil no ha terminado, que se sigue combatiendo en la historia y en la literatura, (yo añadiría, que también en el cine).

“El pacto de Santoña, fue una traición descarada, canalla y criminal que se silencia porque ni a los unos ni a los otros les interesa que se conozca; al PNV por la traición y a los republicanos porque mintieron y engañaron. En Euskadi la guerra se cuenta sólo hasta la entrada de los nacionales en Bilbao. Y lo peor es que la sociedad vasca incluso admite la omisión sobre los vascos no nacionalistas que siguieron combatiendo hasta Asturias”. “La verdadera deuda histórica en Euskadi es la que tiene que saldar el PNV, asumiendo la xenofobia de Sabino Arana y la rendición de Santoña”.