El Mujerismo contra la Sentencia de La Manada. El mujerismo contra su propia progrez

El juicio de La Manada ha puesto en marcha a todo el mujerismo progre haciendo de la Sentencia dictada un agravio a todas las mujeres por no haber condenado a los miembros de La Manada en los peores términos de los posibles. Es curioso como los mismos que protestan contra la prisión permanente revisable y a favor de todas las reinserciones habidas y por haber, han decidido tomarla con los de La Manada.

Adelantamos que hemos leído, por encima, el voto particular exculpatorio de uno de los jueces que, dicho sea paso, le ha hecho buena parte del Recurso a la defensa. No hemos leído toda la Sentencia y hemos escuchado, perplejos, las opiniones de los Jueces que lleva la Sexta a perorar, a los que la Sentencia les parece poco desde un conocimiento absolutamente superficial del procedimiento.

El voto particular, nos tememos, es demoledor. Y alguien dirá que si no se ha leído si quiera la Sentencia entera no se puede afirmar el carácter sustancial del voto particular. Ya, pero es que si lo que dice el voto particular, los hechos que relata, las contradicciones que muestra en las declaraciones de la denunciante, son verdad, la condena se cae. No son contradicciones sin importancia.

Sólo vamos a esgrimir un argumento que, además, no hemsos leido en el voto particular. ¿Los hechos que todos conocemos del caso de La Manada son los mismos hechos a los que todos, sin discusión, llamamos violación, por ejemplo, los protagonizados por el violador del ascensor? Y la respuesta es, evidentemente, no. Es perfectamente posible, desde un punto de vista jurídico y humano, entender que los denunciados, en ningún instante, pudieron ser conscientes de estar violentando la voluntad de la denunciante. ¿Por qué? Quizá porque la denunciante se había puesto a sí misma, detalle significativo que impide acusar a los denunciados de haber drogado o emborrachado a la denunciante, en las condiciones personales para carecer de voluntad.

Moraleja. Es importante recuperar un discurso moral distinto al imperante. Si es lamentable la figura de los jóvenes borrachos/drogados lo es más en las mujeres y para ellas más peligroso. El discurso imperante de “la fiesta” conduce a hechos como los sucedidos además de a unos jóvenes mayoritariamente imbéciles y vagos. Si el discurso imperante es el de la banalización del sexo no podemos quejarnos de que el sexo se banalice. Si en el sexo todo vale, nada puede hacernos no entender que 5 chicos borrachos y drogados, o algunos gurús morales de Sálvame, entiendan como maravilloso que una chica quiera tener relaciones sexuales con los cinco tíos a la vez y que mejor que hacerlo con el morbo de un portal. Ese es el mundo que ha creado la progrez, incluido por supuesto, el mujerismo progre.