El «madero» que quedó como un geranio me la suda

Con este tipo de comentarios se descubre claramente que tipo de gente es Roberto Lanza y la patulea de infrahumanos de los que se rodea, en concreto la frase pertenece a Diana Torres, la furcia que coprotagonizaba con él la obra magna de la filmografía okupa «Ciutat morta» y que además era compañera de cama de Patricia Heras, la otra detenida por los mismos hechos que decidió quitarse la vida, al no estar muy cómoda (al parecer) con el nuevo alojamiento gratuito facilitado por Instituciones Penitenciarias.

Esta pornoterrorista, como ella misma se define, no ha tenido ningún problema en hacer manifestaciones de ese tipo ante la durísima situación en la que su grey dejó al agente de policía, (tetrapléjico, en un estado casi vegetal). Otro de los comentarios que dijo en esas fechas fue… «¿Porqué a mí, una bollera, de clase obrera, debería importarme lo más mínimo la vida de un policía del Opus Dei? Ojalá ninguno de ellos existiera ni hubiera existido jamás»

Lo peor no es que esta perra en celo que manifestó que con el libro de pornoterrorismo consiguió vivir cuatro años, con el trabajo de tres meses, gastándose parte de lo cobrado en dildos masturbadores, lo peor no es que salga en pelota picada durante hora y media haciendo sus «performances», (pueden estar tranquilos nuestros lectores que les omitiremos tan desagradable visión).  Que exista el mal, es necesario, para que podamos por comparación apreciar y desear el bien, por lo tanto por la existencia del Maligno podemos acrecentar nuestra fe, en Dios.  Lo realmente preocupante no es que esta gentuza exista, vegete, (ellos sí que vegetan, aunque conserven la movilidad de sus miembros); lo triste es que quienes no debían mezclarse con ellos les den cobertura, lo triste es que las televisiones, y las editoriales, les produzcan, emitan programas sobre ellos, o les publiquen libros. Lo realmente triste es que sus amigos, estén hoy en las instituciones, y financien las casas okupas, auténtico hervidero donde se retroalimenta esta fauna. Lo triste es que hayan llegado tan lejos que sus amigos gobiernen ayuntamientos tan importantes como Madrid y Barcelona.

Desconocemos dónde se encuentra ahora la tal Diana Torres, parece que por suerte podría estar fuera ya de España, con sus talleres de sexo en vivo, pero a modo de anécdota podemos referir que una de sus mayores contribuciones de su paso por esta vida es… una masturbación colectiva en las praderas del campus de una universidad valenciana.    Jamás la cultura llegó tan lejos.

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