El lamento de Rajoy. Por Xavier Horcajo.

Vaya por delante que el título parafrasea una de las novelas del gran Philip Roth que descubre las frustraciones y complejos de su protagonista Alexander Portnoy. En este caso el protagonista es Mariano Rajoy con sus propios complejos y frustraciones. Seguramente haya que bucear en el hogar de clase alta en el que se crió junto a sus hermanos. La casa de su padre presidente de la Audiencia provincial de la provincia gallega da igual cual. ¿Situados?

“Marianín”, así le llamaban de crío, despertó a la vida adulta y los desasosiegos sexuales con amigos que le llevaban a la República Dominicana con una brutal dependencia de su madre, Olga Brey, a la que veneraba. Un dato común, aunque importante para un psicólogo. Su madre le lavó y planchó las camisas (dicen que Mariano le pagaba por ello cuando ya era se ganaba el sustento). De hecho, “¿Y-mis-camisas?”, a fuer de repetido, se convirtió en apodo cariñoso de alguno de sus hermanos cuando ya andaba metido en política y pasaba por la casa a “por-mis-camisas”.

Para entonces la cría entre algodones ya había recibido una dosis de la “Vacuna-mili” y a Mariano le toco barrer las escaleras de la Capitanía General de Valencia.

En la Pontevedra de la época, al hijo de Rajoy Sobredo, no debió serle difícil ni licenciarse en Derecho (1978) ni convertirse en el registrador de la propiedad más joven de España en un año de opositor (no fue número uno, sino el más joven. Ya entonces no llevaba estigma ser nieto del redactor del Estatuto gallego del 32, Enrique Rajoy.

Tenía el pelo muy negro, nada que ser con el tinte cobrizo que en estos días consiente que le pongan. La barba que ahora es cana se debe al interés estético por cubrir las cicatrices de un accidente de tráfico. Yo también lo habría hecho, pero es otro dato para el territorio psicológico. Parece decir, busca siempre un buen burladero que tape. Sea con la aplicación del 155 en Cataluña, sea con la corrupción.

Como registrador, poco: Padrón Villafranca del Bierzo y Santa Pola, donde ganó plaza de titular. Ese es otro dato, siempre quedar acotar lindes. Como le dijo a los españoles: “Yo estoy en política perdiendo dinero…”. Un detalle casi pornográfico para un hombre discreto.

Inclinado por la política, cuando llegó a segunda división (la autonómica) se dio de bruces con don Manuel Fraga, de quien recibió un guantazo brutal: “¡Váyase a Madrid, cásese y aprenda galego!”.

Rajoy fue el elegido por Aznar, nadie lo hubiera dicho que aquel borring guy se convertiría en el sucesor en 2003. Rajoy valía para ser ministro de Administraciones Públicas, pero ¿para pedir el voto a los españoles? Sin embargo, carambola a carambola, lo malo que hubo antes (ZP) le convirtió por el péndulo de “lo menos malo” y la falta de otras opciones en Presidente de todos (no fue a la primera “¡Eh!”, que es otro de los latiguillos de Mariano).

Ahora quería yo llegar. Quiero hacer algunas revelaciones. En el terreno corto, y aun con unMontecristoencendido en la mano, Mariano no te abre su corazón. En sus momentos relajados, es una tumba. Bueno, para mí lo fue. Sin embargo, para otros no tanto. No pienso en Bertín Osborne (que gran tipo), sino en los “enemigos políticos”. Por ejemplo, en Cebrián yEl País, a los que ayudó día a día desde que fue Presidente para evitar su quiebra. Qué distinto a Aznar, ¿verdad?

A Cebrián le hizo una revelación singular poco antes de llegar a la Moncloa (2011): estoy sentado en un polvorín. Un tipo discreto le hubiera hecho esa revelación a Elvira, su esposa, si acaso. ¿Pero, al enemigo? Una vez más, se equivocaba en los cariños y El País lo frió vivo con el “caso Gürtel”. Creo que fueron 52 exclusivas del secreto del sumario manejado por Garzón.

La revelación te invalida como presidente del Gobierno. Cuando estás sentado en un polvorín y lo sabes es o porque recibías tú también del engrudo amarillo, o porque las tramas, las “organizaciones criminales”, por usar el término de la Audiencia Nacional, te limitan en el ejercicio de tus funciones. Ese es el Presidente Rajoy.

De aquello para hoy, Rajoy fijó sus suerte a los resultados económicos de su Gobierno que no han sido malos, pero eso ya no vale. Y la gente va recibiendo “inputs” que sitúan al PP a la altura de una cochiquera. Esta semana la sentencia de la Gürtel y el caso Zaplana. Y Rajoy, cada vez más sufre estrabismo en sus explicaciones: “De eso hace ya muchos años” etc. Además, ahora Podemos ya no da miedo, están en comprarsedachasen La Navata…

Ya Mariano le pasa de todo ¿Hay quien maneja su barca? Se preguntaría la folclórica. Los españoles han llegado a la conclusión de que Rajoy no puede desafiar la gravedad y menos si escupen sobre tu cabeza. El PP está en estado aluminoso, urgen reformas y Rajoy llega tarde.

Hoy Rajoy no es capaz de precisar que si Zaplana fue consejero de Telefónica fue porque lo propuso como contraparte de Javier de Paz, un tal José Luis Rodríguez Zapatero. Si lo dijera, tal vez ni le creerían: El lamento de Rajoy.