El franquismo y las lenguas. Por Manuel Escolano.

Leí el otro día un artículo bien interesante de Pedro Insua en la edición digital de El Mundo sobre la mentira, ampliamente difundida, de la terrible represión franquista sobre las distintas lenguas que se hablan en nuestra Patria.

Aunque en el artículo se reflexiona casi exclusivamente sobre la lengua gallega, vale también para el eusquera y el catalán: Tenían sus propias “Academias de la Lengua”, se publicaba en su idioma, había actividad cultural propia, premios literarios, etc…

Para cuando yo estaba en EGB, (soy de la quinta del 63), se enseñaban normalmente en clase de literatura las aportaciones en las lenguas patrias, distintas del castellano. Debido a mis raíces gallegas, quizás, de aquellas lecciones sólo me vienen a la memoria autores gallegos: Celso Emilio Ferreiro, Pardo Bazán, Castelao… de Celso Emilio Ferreiro tengo un recuerdo muy vívido, pues mi profesor de literatura hizo leer unos versos del autor a un compañero de clase que, casualmente, se apellidaba Ferreiro, y no hablaba palabra de gallego; yo los habría leído muchísimo mejor, y me sentó como una patada que no me dejaran lucirme. En cualquier caso, los versos estaban en gallego (y en vasco, y en catalán), en los libros normalizados de entonces. “Senda de la literatura”, creo que se llamaban, de… ¿editorial Anaya?

Tampoco es que se le diera especial relevancia; la práctica totalidad de la producción literaria en este “país de países”, se ha escrito en castellano.

Efectivamente, de esto yo no puedo hablar, como se hace en el artículo mencionado, de las actuaciones oficiales durante el gobierno de Franco, a favor o en contra del uso de las lenguas regionales… a no ser que lo corte-pegue de internet. Pero lo que sí puedo contar es lo que viví.

Mi madre era gallega, de una aldeíta de Lugo. Se casó con un señor de la aldea de al lado, y emigraron a Madrid a finales de los años 40, a buscarse la vida. Ya les voy a contar yo el castellano que hablaban. Antonio, su marido, por haberse chupado una mili de las de entonces (así como 6 años, parte de la Guerra Civil incluida), y haber estado en contacto con castellanoparlantes, tira que te va. Pero ¿mi madre?: gallego puro y duro, del de campo.

Al cabo de un tiempo tuvieron una niña, mi hermana. Pocos años después, el marido de mi madre moría de un infarto. Para entonces, mi madre se expresaba normalmente en castellano, excepto entre su “colonia de emigrantes” en Madrid, (su familia). Con ellos, siempre en gallego.

Mi padre era de un pueblo de la Vega Baja, en Alicante. No hablaba otra cosa que el valenciano. Castellano… nada de nada, por lo que me contó. Mi padre, de hecho, se murió sin saber decir en castellano todas esas palabras tan queridas para él: las de la agricultura y el pastoreo, las de las medidas agrarias, las de los aperos; es decir, todas esas palabras que se morirán sin saber decir en catalán los chicos de ERC o de la CUP.

Cuando llegó a Madrid, le tocó espabilarse. Su interés por la hermosa lengua de Cervantes se intensificó notablemente cuando conoció a mi madre, y mejoró mucho. Tanto mejoró, que consiguió casarse con ella.

En casa, se hablaba básicamente en castellano. Mi hermana habla mejor gallego que yo, pues es su lengua materna, al ser sus padres, ambos dos, gallegos que no hablaban otra cosa que gallego entre sí. Yo hablo el gallego peor que mi hermana, pero muchísimo mejor que el valenciano (o catalán, como quieran), porque mi padre no hablaba nunca (ni en catalán ni en castellano), la razón era que mi madre no callaba ni debajo del agua, y lo hacía en gallego, normalmente; la represión franquista a Cataluña y sus países no tiene nada que ver con el silencio de mi padre… creo.

Ninguno de los dos hablaba en castellano con su familia, nunca, o prácticamente nunca… hasta el extremo que mi padre, cuando visitábamos a su familia en el pueblo, se dirigía a sus hermanos y sobrinos en valenciano y a mí, en castellano, porque era la lengua en la que había dirigido a unos por un lado, y a mí por otro, toda la vida. Y lo hacía de manera natural.

Cuando íbamos al pueblo de mi madre, era más gracioso, porque todo el mundo hablaba en gallego… menos yo, que lo entiendo perfectamente, pero me da vergüenza hablarlo, (por hablarlo mal). Así que todos en la aldea me hablaban en gallego, y yo les contestaba en castellano. Y tan panchos.

Nunca nadie, jamás, molestó a mis padres por hablar otro idioma. Más bien, se les envidiaba como hacen todos los monolingües ante los que hablan dos lenguas como si nada. Nadie entendió que tener una cultura más rica fuera un ataque peligroso a los Principios Fundamentales del Movimiento.

Nadie se molestó nunca conmigo por no dominar su lengua. Nunca jamás fueron maleducados o condescendientes conmigo. Nos entendíamos a la perfección en castellano.

En la España de entonces se entendía de manera natural, que ser catalán, vasco, gallego o de Motilla del Palancar, no eran sino diferentes formas de ser lo mismo: españoles. Exactamente igual que el ser argentino, cubano o mexicano, era ser “un hijo de la Madre Patria”, un descendiente de españoles, un pariente cercano, y no un “sudaca de mierda”.

Si hubo gilipollas que afearon o atizaron por usar el catalán, el gallego o el vasco… qué quiere que le diga. Gilipollas los ha habido siempre y en todas partes y si no, mire a su alrededor. Hay que tener en cuenta que se había vivido una guerra, en la que en uno de los bandos se aprestaba gente que quería romper España lo que generó recelos con relación a las lenguas regionales y motivó, en definitiva la prohibición de su uso en las instancias públicas , que no en las privadas.

Ahora, hemos mejorado mucho… En Cataluña, solo se acepta el catalán como lengua. Como si allí no se hablara castellano, también, de toda la vida de los vivos. Se valoran más, para ser médico, tus conocimientos de catalán que de anatomía; está prohibido rotular en castellano, (aunque no en turco, por decir).

Si no eres catalanoparlante y de paso, independentista… no eres catalán (o vasco). Así vamos usando la lengua como un filtro de impurezas democráticas. Demócratas somos Yo, y los que piensan como Yo. Y hablan la lengua de Yo.

Y los mismos que quieren erradicar, como lengua extranjera, la única en España que hablan 600 millones de personas (entre ellas, todos los vasco-catalano-gallegoparlantes); pontifican sobre la libertad lingüística y la falta de ella en tiempos pasados, que por cierto, no conocieron.

Toma ya.