El desmadre de las ayudas sociales. Por José Pedro Cruz.

Hace años, mantenía una conversación con mi hijo en la que me hacía reflexionar sobre una circunstancia, circunstancia que a él, en su juventud, le llamaba la atención. Como aclaración diré que yo siempre he querido que mis hijos se eduquen en la cultura del sacrificio y del esfuerzo, que sepan que las cosas cuestan adquirirlas, que los que nacimos en una familia trabajadora, trabajadores hemos de ser si queremos salir adelante, ya que nadie va a venir a darte nada. Pronto mi hijo me hizo salir de mi error. Por entonces él tenía 19 años y trabajaba como controlador de accesos en una empresa de seguridad, de este modo él podía seguir estudiando, pero también tener su dinerito de bolsillo. Trabajaba los fines de semana, en turno de doce horas; eso le permitía dado que el trabajo era de 8 a 20 horas, poder dar una vuelta con sus amigos un rato al salir de trabajar el sábado, con suficiente “cash” para jarrearse de manera prudente, (que al día siguiente tenía que volver). También le permitía, dadas las largas horas de su jornada laboral, repasar sus apuntes o preparar exámenes. Vamos, que en principio se trataba de un trabajo que a cualquier chaval de su edad, sin cargas familiares, podría parecerle goloso. Y a él se lo parecía y valoraba el no tener que pedir dinero en casa, (cuestión esta que yo también agradecía). Bueno, pues el caso es que un día que platicábamos ambos, esos buenos momentos que se pueden tener de conversación entre un padre y un hijo, esos momentos que a un padre le parecen pocos y a un hijo siempre excesivos;  esos momentos que el hijo empieza a valorar tan sólo cuando se hace hombre, cuando por desgracia su padre o no está, o no está ya como para mantener esas conversaciones. Me hacía él la siguiente reflexión: Papá yo estoy muy a gusto con mi trabajo, no puedo quejarme del mismo, pero hay algo que no entiendo y me indigna; yo llevo un año trabajando, hipotecando cada fin de semana de mi vida, sin faltarme dinero, pero sin permitirme excesos; debido a que hago aproximadamente  media jornada, cobro en torno a los 400 euros; y cuando hablo con un montón de gente que está (textualmente), “rascándose los huevos en su casa” y que no salen del bar, me dicen que cobran una ayuda del Estado de 426 Euros.  Mi hijo le había explicado a alguno lo ventajosa que era su ocupación, puesto que el trabajo que realizaba, si bien era de muchas horas, pero le resultaba cómodo y podía dedicarle tiempo al estudio, durante el mismo; no lo veían así sus contertulios  que le manifestaban que más ventajosa era su situación, puesto que trabajaban bastante menos y cobraban incluso más. A mi hijo se le llevaban los demonios, porque le parecía difícil aceptar mis enseñanzas, dado que frente a mi educación en el esfuerzo, se encontraba el vivir parasitario  del “dolce far niente” y lo que es peor, la carencia de ánimo de sus interlocutores de, ante la oferta de trabajos similares al de mi chaval, abandonar la teta pública, para beber leche de brik, de inferior calidad y encima pagada con su propio esfuerzo.

Ciertamente, me costaba mantenerme en mis argumentaciones, le hablaba de la satisfacción personal, el poder no depender de nadie, le hablaba de aquella frase de… “El trabajo dignifica”, frase que por estar presidiendo las entradas de algunos campos de concentración … tampoco me ayudaba mucho. Yo me tenía que mantener en el papel de padre responsable, pero la enseñanza me la estaba dando mi hijo a mí; y eso se me quedó grabado.

Posteriormente ha venido muchas veces a mi cabeza; y cuando por mi trabajo debo preguntar a un montón de personas cuáles son sus ingresos, de manera mayoritaria, me manifiestan … estoy cobrando la ayuda de 426… estoy cobrando la ayuda… y así uno tras otro… estoy cobrando la ayuda… mientras tanto, cuando paso por el parque que tengo situado enfrente de mi trabajo, a muchos de los que cobran la ayuda, a los que yo pago la ayuda, me los encuentro siempre, siempre, con la fijeza del que acude a su puesto de trabajo, (quizás es que consideran, que al fin y al cabo, su laboro es ese), pues  como digo, me los encuentro desde tempranas horas, enganchados a las “yonkilatas” de birra,  fumándose algún porrito con los colegas.   Y entonces pienso en mi hijo, y pienso que el zumo de cebada lo pago yo, y que la relajante hierba de la risa también, y a mí también se me llevan los demonios, porque entiendo que una renta mínima de subsistencia debe existir, no sólo es recomendable sino necesaria, pero si esa ayuda, no está fiscalizada, (que no lo está), se convierte no en una ayuda, sino en un chantaje, en una mordaza, en una sordina; necesaria para que las voces de los marginales no nos lleguen,  para que no faltándoles para cerveza, no molesten a los políticos con reclamos; para que mientras puedan fumarse sus canutos o ir a recoger la metadona, no tengan la necesidad tan acuciante de robar, o lo que es aún peor, manifestarse pidiendo cosas justas y creando una conciencia social.

Y aunque me llamen carca… pues mira tú, que me molesta. Porque al fin y al  cabo pues es la escoria que yo he creado, junto a otros muchos en este modelo de sociedad liberal que nos hemos dado… y algo tendré que hacer, al fin y al cabo son “mis pobres”.   Pero… hete aquí que cuando miro a mi alrededor, observo que no sólo atiendo a mis pobres, sino también a los pobres de medio mundo, que se aprovechan de mis beneficios sociales, conseguidos tras muchos años de lucha y esfuerzo, míos y de los que me precedieron; y no sólo se benefician, sino que además los dilapidan, me engañan, hablando en plata, se descojonan de mi; (efectivamente no todos). Y yo mientras sigo preguntando…  ¿Cuánto cobra? Lo pregunto porque necesito saberlo a efectos del pago de pensiones de alimentos a sus hijos; y uno tras otro me responden… 426,  426, la ayuda, la ayuda.

Y a esas ayudas les siguen otras: ayuda por hijos, por alquiler, para pagar la luz, ropa, comida, asistente social, cáritas. Entonces me planteo si no seremos más gilipollas que nadie, si no estaremos creando auténticas rémoras en nuestra “sociedad del bienestar”; ayudas para estudios, ayudas para mujeres maltratadas, ayudas para la integración.

Y a continuación leo … “Caso Pomelo”: detenidas 18 personas en un caso de estafa a las ayudas facilitadas por violencia de género; leo… (Tribuna del País Vasco) miles de inmigrantes se construyen lujosos chalets en Rumanía con las ayudas que les da la administración vasca;  leo… sigue incrementándose el turismo sanitario, discusión entre los políticos por la universalización de la asistencia médica; leo… miles de marroquíes que han vuelto a su país siguen cobrando allí las ayudas que les seguimos pagando desde España.   ¡¡¡ PERO NOS HEMOS VUELTO LOCOS !!!  ¿Es tan difícil controlar a dónde van esas ayudas?

A mí de repente, así a botepronto, se me ocurren algunas cosas, sin romperme mucho la cabeza:

  • Las ayudas para comida deben justificarse con tickets de compra, o bien dárselas a través de cupones de asistencia en comedores sociales, o en comercios concertados, donde se pueda asegurar la subsistencia de los más necesitados.
  • Las ayudas por hijo, deben ser garantizadas para que sean para los hijos. Estoy harto de ver en mi trabajo que las ayudas de los niños se las beben los padres, mientras madres e hijos no tienen nada que echarse a la boca.
  • A mis “amigos” del Parque y ya que están allí, además de obligarles a no dejarlo como un basurero, habría que obligarles a limpiar, a recoger las hojas, a tener el parque como los jardines del Palacio de Buckingham; (por lo menos), que tiempo les sobra.
  • A los extranjeros que se les den ayudas… habría que regularlas. Asegurarse que los extranjeros siguen en España y que no se han marchado. Habría que consultar los registros de propiedad de sus países… yo que sé… mil cosas, que cuando se trata de exigirme a mí, bien listita que anda la administración y bien que se me exige, cuando se trata de fiscalizarnos sueldos, impuestos, tasas y obligaciones, bien que se hace, y no nos escapamos ni uno.

Lo que está claro, es que necesito que se me quite la cara de tonto que se me queda, cada vez que me entero que algunas parejas  (los dos) viven de la ayuda a la mujer maltratada, que le damos a ella, por la supuesta violencia que le ha ocasionado él. Necesito que mi hijo el día que le quiera explicar a su hijo que las cosas se consiguen con esfuerzo, pueda encontrar los argumentos que yo no encontré aquel día, para que podamos criar, podamos educar hombres y mujeres de provecho… y no parásitos.

3 Comentarios

  1. Estoy tan indignado con este tema, al que pienso dedicar uno o varios artículos, que no puedo resistir comentar lo siguiente:
    Antes teníamos el INEM, que como todo el mundo sabe, es la ineficacia en persona. Con decir que solo consigue colocar al 2$ de las personas que encuentran trabajo…
    Como las comunidades autónomas quisieron poner sus zarpas en este tema, se inventó el concepto de políticas activas de empleo, competencia adjudicada a las autonomías, mientras que las pasivas, es decir el reconocimiento de derechos y subsidios, seguía siendo competencia del INEM.
    POR ESTE SISTEMA SE DUPLICÓ EL NÚMERO DE EMPLEADOS PÚBLICOS, Y EL ASUNTO NO SOLAMENTE SIGUIÓ FUNCIONANDO MAL, SINO INCLUSO PEOR…
    Pues bien, personado hace un par de días en las oficinas del INAEM, Instituto Aragonés de Empleo, me encuentro con unos enormes carteles «invitando» a los extranjeros de arios países de sudamericana y África a volver a sus países de origen, con el ofrecimiento siguiente:
    – Aragón les paga los viajes de ida.
    – Se les dará una subvención (no figura la cantidad), para que puedan montarse su propio negocio en su país de origen, y así «vivir junto con sus familiares».
    ACOJONANTE. LES DAMOS LO MISMO QUE NEGAMOS A LOS ESPAÑOLES. Porque, huelga decirlo, LA SUBVENCIÓN SERÁ A FONDO PERDIDO. y tan perdido.
    En estas condiciones,
    ¿Cómo no se va a producir un efecto llamada de todos los parias de la tierra, con destino a España, el país dónde no cabe un tonto más?

  2. Años viendo esa misma situación a diario, trabajando desde los 16 años, para ver que mis vecinos de «en frente», les suben las cajas de comida la ong de turno, y en la carnicería del barrio, mientras me preparan carne picada, a ellos les cortan un buen chuleton… O el vecino de enfrente, con la tarjeta de compra de comida de los servicios sociales de la jcyl en la caja del supermercado, y en la puerta esperandole el último modelo de coche salido de la fábrica, donde casualmente, me he matado 12 horas diarias por un contrato de 6 meses… Falta de control total por parte de un estado liberal, que aparte de abandonar a sus hijos, por el de afuera… Tampoco a sabido educar a parte de ellos, en la cultura del esfuerzo y de que todo no es «gratis»

    • 1. Totalmente de acuerdo con usted.

      2. Yo siempre digo, para espanto de mis conocidos, que deben de pensar que estoy loco, «QUE SOLO QUIERO TENER LOS MISMOS DERECHOS QUE UN EXTRANJERO EN ESPAÑA»…

      Y creo que digo bien, y digo la verdad.

Comentarios cerrados.