El canibalismo de la izquierda en la II República: los grandes olvidados. Por Eduardo Arias

Víctimas de la represión franquista. Víctimas de la represión rojo-democrática de la II República. Pero hubo unas terceras víctimas. Los grandes olvidados. Posiblemente, la prueba evidente de la bestialidad a la que llegó la II República: los izquierdistas víctimas de la II República. Si la represión contra los propios fue como vamos  describir a continuación, cual  no sería la represión contra los contrarios de la II República.

El caso conocido es el de Andrés Nin, primero torturado y luego asesinado por su comunismo poco ortodoxo para los rojos en el poder de ese momento. No le quepa duda a nadie de que si el que hubiera estado en el poder hubiera sido Nin no habría actuado de forma diferente,  con sus compañeros heterodoxos, a  como lo hicieron con él. Por cierto, de Andrés Nin,  parece que se  encontró la fosa donde los rojos lo enterraron  y nunca más se supo.

Pero Nin es sólo un caso.  El anarquista Abad de Santillán escribe: “El Ayuntamiento de Casteldefelles tuvo que protestar por la serie de cadáveres que dejaba en la carretera todas las noches la cheka del castillo. Hubo días en que se encontraron 16 hombres asesinados, todos ellos antifascistas.”

Abad de Santillán relata también lo  siguiente sobre unos pelotones del Ejército rojo:   “Se les dice que hay que eliminar a fascistas por el bien de la causa… Matan a 80 personas, entre los cuales la mayoría no tenía por qué sufrir esa pena, pues no era desafecta…, dándose el caso de que elementos de la CNT, del PSOE y de otros sectores mataron a compañeros de su propia organización. También hay casos de violación de hijas que se ofrecían para evitar que sus padres fueran asesinados.” Otro anarquista, José Peirats señala  que en Mayo del 37, 36 militantes de la CNT habían sido asesinados en Tarragona por los comunistas del PSUC.

Abundan los testimonios sobre izquierdistas asesinados en el frente por sus compañeros políticos. En este sentido los Reglamentos de Prieto y Negrín daban a los mandos  del Ejército Republicano extraordinarias facilidades para fusilar a los soldados presuntamente  desafectos. ¿Cuántos soldados fueron liquidados cuando ya la guerra estaba perdida y crecía la desmoralización republicana?

Pero veamos lo que  los  comunistas, en su historia oficial Guerra y Revolución en España,  señalan sobre lo que sucedía, por ejemplo,  en Aragón: “Se perseguía y aún se ejecutaba a los campesinos que se resistían a entrar en las llamadas colectividades agrícolas. En Esplús, en un solo día aparecieron muertos 23 afiliados de la UGT.”

Es imposible fijar el número de izquierdistas eliminado por la II República. Imposible saber en que cuneta o en que fosa están enterrados los cadáveres. Pero sí es posible imaginar hasta donde llegó en la brutalidad  una república caníbal que era capaz de matar a sus propios partidarios. La victoria de Franco salvó la vida de falangistas, tradicionalistas, derechistas, centristas, centroizquierdistas, católicos. Pero también salvó la vida de un buen número de rojos que, sin duda, habrían sido debidamente depurados por la  corriente roja que estuviera en el poder. Y es que, la izquierdista es una ideología caníbal. Este fenómeno no tuvo lugar en el bando nacional.