Donde las dan las toman (dos veces)

Ésta, está probada como una estrategia ganadora en algunos de los dilemas más intrincados y redundantes que pueda crear la mente de un matemático. Tiene múltiples aplicaciones en la vida política y a nosotros nos gusta particularmente. Por muy tonto que sea el oponente, por muy suicida que sea su estrategia o por muy seguro que esté de sí mismo, terminará entendiendo que necesita cooperar para no retroceder en sus conquistas. No hace adeptos entre los enemigos pero es que lo del “convencer” está sobrevalorado.

Pongamos el ejemplo de Úrsula Mascaró. Mascaró es una empresaria balear. Ni sabemos ni nos importa si es de izquierdas o de derechas. Incluso es irrelevante su nombre y sexo. Hace zapatos. Zapatos muy buenos, de los equivalentes al par de riñones. En todas las pasarelas del mundo se exhiben con las creaciones de los más altos diseñadores. Es, podemos decir, una triunfadora.Como es, además, una persona, tiene ideas políticas y piensa que el conocimiento del catalán no debe ser un elemento de juicio para que un doctor en medicina pueda ejercer en las islas y, para ello, ha encabezado una campaña llamada MosMovem. Parece razonable. Esta campaña ha levantado la airada crítica de los pancantalanistas (Cataluña es el mundo y Americ Ves Puig y la sarta de idioteces) y desde Baleares han llamado a los Países Catalanes a boicotear la compra de zapatos Mascaró. Lo que procede ahora, siguiendo nuestra estrategia de juego, es que, quienes puedan permitírselo, a cambio de invertir en la joyería Tous, lo hagan en un par de zapatos de las celebrities. O dos, mejor. Siempre, al envite del enemigo, nosotros doblamos la apuesta. Si boicotean a una empresaria, nosotros a dos; si piden 100 millones, les quitamos 200. El mecanismo, señor Sánchez, es sencillo.