Descripción de lo que ha sido la democracia en Vascongadas. El relato es estremecedor

Hoy un tuitero, que no vamos a nombrar sin su permiso, aunque nos encantaría hacerlo,  se preguntaba al hablar de las víctimas de  ETA la razón por la que  “no se divulgó el terror no tangible, el que no se ha podido medir, el que anegó el aire que respirábamos”.

El hilo de este tuitero explica muy bien la realidad de lo que fue y, en gran medida, sigue siendo Vascongadas. Y la realidad de lo ha sido, en otra escala, y es Cataluña.  La clave de las victorias de los separatismos es el miedo y la mansedumbre de los Gobiernos españoles.

Se pregunta por qué no se habla de los centenares de miles de familiares que abandonaron las Vascongadas “porque no podían soportar aquello”. O de los policías o de los seguratas que vivían aterrados y de los que todo el mundo sabía su profesión, precisamente, porque no la mencionaban.

No se habla tampoco de la vida de los escolares: un par de avisos de bomba por trimestre. Todos a formar en filas en el patio y las clases suspendidas. O de los “días de lucha” para comercios del barrio cuando pasaban a cobrar para las “celebraciones vecinales” y el que no pagaba quedaba señalado.

Se pregunta como es posible no hablar de cómo los vascos aprendieron a esconder el periódico que compraban o a no hablar de política para no meterse en líos. “¿Por qué no se explica que no pudimos vivir en democracia?”

Familias rotas. Amistades perdidas. Miedo a comprar un coche de segunda mano sin matrícula vasca. Chavales que se metían en Jarrai. Familias que se llevaban a esos chavales fuera de Vascongadas para sacarles de ese rollo. Chavales que empezaban a coleccionar antecedentes penales.

“Hubo casi mil muertos, sí. Pero fue todavía más horrible. Dejad de cuantificar porque, simplemente no se puede”. Esconder la papeleta por la que uno va a votar y tener cuidado con la basura no se pudiera deducir por ella cual era tu voto si tirabas el resto de papeletas. “¿Cómo se mide el que hiciésemos el vacío y no quisiésemos jugar con los tres hermanos del barrio que habían perdido a su padre porque algo habrían hecho?”.

“Esas ochocientas y pico muertes, miles de extorsiones, secuestros, servían para tenernos acojonados a millones, para que ninguno se menease. ¿Por qué no hablamos más del miedo en el que nos hemos criado varias generaciones? ¿Cómo se cuantifica eso?”

El Muro ha querido responder a estas preguntas: si se habla de todo esto es como decir que en Vascongadas nunca ha habido democracia y que el Estado, el PSOE y el PP, debió intervenir allí con mucha más firmeza y dureza, añadimos, en defensa de España y en protección de los españoles. Dicen que la corrupción ha dopado a algunos partidos políticos en algunos comicios electorales. El separatismo siempre va dopado a base de infundir miedo. El Estado debiera intervenir para liberar de ese miedo a la gente decente. Por eso, para no sacar los colores a nuestra clase política, no se habla de ese miedo que no se puede medir.