Defensa investiga a los cinco reservistas que firmaron el manifiesto a favor de Francisco Franco

Era cuestión de tiempo que el ministerio de Defensa pusiera sus manos sobre asunto tan jugoso. En la labor de adoctrinar y manipular la opinión pública de todo un pueblo tiene que intervenir desde el presidente del Gobierno hasta el último de los ujieres de palacio. La verdad oficiosa, la verdad verdadera, no puede ser discutida por nadie y, mucho menos, por miembros del Ejército, por más que estén en situación de reserva.

Lo que la Administración no hace con otro cuerpo funcionarial, lo hace abiertamente con los militares: meterles mano en el sueldo sin ningún tipo de complejo, previo aviso o tribunal sancionador. Basta que un delator hable, que se entere un superior o que aparezca tu nombre escrito en la pared. Vuelan los complementos (que son parte sustanciosa de la soldada) y punto en boca. De esta sencilla manera tenemos el Ejército de cobardes más grande que hayamos tenido nunca. Mucha misión de paz, mucha misión en el extranjero pero ni abrir el pico ante cualquier problema de relevancia en suelo patrio. Estos cinco reservistas pueden ser una excepción. Bien es cierto que en todas estas cosas siempre se echa de menos la firma de algún militar en activo, no por lo que dice el ministerio de la unidad del Ejército entorno a la Constitución y la democracia, que es una filfa que no se creen ni los ufólogos, acostumbrados a creérselo todo, sino por aquello de no dar a entender a la ciudadanía que realmente están programados para pensar la misma idiotez que piense su jefe y todos a la vez. Lo señalaba Miguel Menéndez Piñar en un sensacional artículo publicado en este mismo diario al hablar del sentir y el deber del soldado: Valor, honor y disciplina. Ciertamente y, salvo honrosas excepciones, el valor ha desaparecido y la disciplina del mercenario se ha impuesto sobre el honor.