De la libertad sexual a la antesala de la sharia

Pasamos de un extremo a otro sin darnos cuenta, sin haberlo votado. Del “póntelo, pónselo” a necesitar un consentimiento informado, explícito, con copia para la administración, partner e interesado en cualquier transacción de fluidos entre personas (de distinto sexo, se entiende; las violaciones entre gays y lesbianas quedan fuera del ámbito de legislación del Ejecutivo). Un gran triunfo de las feministas y de los millones de planchabragas que secundan sus diarreas mentales. Hemos terminado llegando a la policía religiosa, de una religiosidad laica, chunga, de consigna política en lugar de misterios. Han empezado en Navarra, en Pamplopus, en Sanfermines para más inri, con la Foral convertida garante y valedor de la honra, la decencia y el exquisito gusto. El PSOE terminará innovando serenos que llamen la atención a los novios (heteros) que se magreen en un portal. Se acabó aquello de Serrat y la Fiesta: “Juntos los encuentra el sol a la sombra de un farol, empapados en alcohol, magreando a una muchacha”. Pueden exigir la autorización.

-Ustedes, ¿han consentido?

-Sí, agente.

-Puedo ver el certificado y deneis, por favor?[…] Aquí no dice nada de tocar las tetas a la señorita. No lo puedo dar por bueno.

Y así todo. Mientras se estudia la fórmula para sacar los restos del Generalísimo del Valle de los Caídos, los liberticidas de izquierda se meten también en nuestra cama (la de los heterosexuales. Insistimos: no se puso el mismo celo con el Orgullo). Y el ridículo ya viene en forma de tweet de la Foral. En una acción sin precedentes contra las bandas organizadas del crimen, estos valientes agentes, con sus porras y todo, han desarticulado un indecente negocio de venta de chapitas para la solapa (se adjunta foto del material incautado). Todavía queda algún etarra por saludar de los que la liaron en el “chupinazo”, pero los cerdos de las chapitas ya duermen en chirona.

Y toda Navarra más tranquila.

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