De Dieter Brandau a Rocío Monasterio: los antifas de la derecha

No es nuestra intención, en absoluto, señalar negativamente ni a Dieter Brandau, ni a Rocío Monasterio. Tampoco a García Albiol o Luis del Pino o Carlos Cuesta, otros personajes públicos que incurren en el error que queremos destacar. Todos ellos están en la necesidad de criticar de forma cotidiana el fascismo. ¿Cómo? A través de llamar fascismo al secesionismo o, incluso, a Podemos o hasta al asesino de Víctor Laínez.

Por poner los ejemplos de quienes citamos en el titular, Dieter Brandau se molesta cuando al asesino de Víctor Laínez le denominan antifascista  dado que Brandau se considera así mismo antifascista. Rocío Monasterio también tiene la necesidad de que todo el mundo sepa que ella no es fascista y por ello lanza una expresión como la que sigue: “Para ser fascista primero hay que pasar por el socialismo”.

Curiosamente ha sido  un tertuliano de izquierdas como Pepe García Domínguez al que le hemos oído contestar que ya está bien de llamar fascistas a quienes son marxistas leninistas o socialistas o separatistas de todo pelaje y no tienen nada que ver con el fascismo. ¿Por qué García Domínguez se atreve a decir esto? García Domínguez no es de derechas y no siente la obligación de estar demostrando todo el día que es demócrata y que no es facha. No tiene ese complejo. No estaría mal añadir que fascismo y nazismo no son la misma cosa ni en su ideología, ni en sus hechos.

A todos ellos, muy brevemente, conviene decirles lo siguiente. El fascismo fue la última barrera frente al comunismo. Que la derecha sea antifascista es una victoria cultural de la izquierda cuya utilidad radica en conseguir que, llegado el momento de tomar  el cielo por asalto, deseo públicamente manifestado por Pablo Iglesias, esa última barrera contra el comunismo no exista. La contribución de la derecha en este sentido es, simplemente, suicida.