Cuando uno tiene que okupar su propia vivienda para desokuparla de una okupa, es que algo no funciona

A veces una mala ley tiene estas cosas. Las leyes, tanto las civiles como las penales, son anticuadas e insuficientes y no se adecúan a la necesidad actual para solucionar problemas reales; de manera que la delincuencia siempre por delante, se beneficia de esas lagunas legales de una legislación garantista, para reírse literalmente de nuestro ordenamiento y de la más mínima y pacífica convivencia.
La picaresca se ha instalado en nuestra sociedad, auténticas mafias se encargan de gestionar la entrada (bajo precio) de personas sin vivienda, (o con ella), a las propiedades ajenas. Para ello, basta ponerse en contacto con uno de estos capos del negocio y llegar a un acuerdo sobre qué tipo de vivienda se desea, y las posibilidades de permanencia en ella, (porque hasta de esto han hecho un máster), de manera que no cuesta lo mismo, la cesión de una casa si es de un banco, si es de un propietario fallecido cuyos herederos no se ponen de acuerdo, de una empresa que cerró, etc.
El tipo de propietario de la casa, condiciona notablemente el precio que cobra el okupa cedente al okupa que paga, todo dependerá de la previsión de tiempo que se calcule que tardará en llegar el desahucio a los ya conocidos como pisos “de patada”, por el modo de acceso a muchos de ellos, con una patada a la puerta. Falsos contratos, cerraduras nuevas, aviso a la vecindad para hacer valer derechos, etc. Son sólo distintas páginas de un mismo libro, puesto que hasta libros y manuales de okupación corren por las redes, y a disposición de cualquiera se encuentran.
En cuanto una persona se introduce en una vivienda o local, y se hace fuerte, acreditando que se trata de su morada, comienza un calvario para el propietario que quiere recuperar la posesión de la finca, a fin de que posesión y nuda propiedad se fundan de nuevo en un abrazo.
Hace poco veíamos que este esperpento había llegado a que se pusiese una denuncia a los herederos que se habían metido en su piso, que creían había abandonado el inquilino okupa, y resultando finalmente denunciados por este, por un delito de coacciones y de usurpación, porque el okupa solo se encontraba un mesecito de vacaciones.
Y ahora acaba de saltar a los medios el caso que nos ocupa (o debemos decir… okupa). Se trata de una vivienda en la localidad de Granadilla de Abona, Tenerife. Juan Carlos, el propietario había adquirido un chalecito, del que se encontraba pagando una hipoteca, hipoteca que cada vez se le ponía más cuesta arriba poder realizar el pago, por lo que decidió alquilarlo, para así ayudarse con las mensualidades de “la letra”. Alquiló la vivienda a una señora, que en un momento dado y tras un tiempo de pagar su mensualidad, dejó de hacerlo y se estableció de okupa, no porque no tuviese dinero no, sino porque sencillamente le salía más barato, y porque además, podía seguir haciendo más rentable el negocio que hacía con el chalet, que había convertido en pensión, alquilando las habitaciones. Aunque esa fue la perdición de la okupa, dado que la picaresca vino esta vez en auxilio del desesperado propietario, el cual tras darle vueltas y vueltas a la mollera, llegó a la conclusión junto con su familia, de que sólo con malas artes se recuperaría la posesión perdida. Y… manos a la obra, un tío de Juan Carlos, (el propietario, el otro J.C. no tiene problemas de vivienda), aprovechando que la okupa alquilaba habitaciones, se metió de pensión en una de ellas, pagando el primer mes por adelantado, y allí permaneció hasta que ganándose la confianza de ella consiguió que esta se ausentara dejándole sólo en la vivienda. En ese momento el tío inquilino, de la habitación de la vivienda de su sobrino, pasó a ser el tío okupa de la okupa; y cambiando el bombín de la cerradura, (como hacen ellos), okupó la vivienda. Vivienda en la que por otra parte, la primera okupa ejercía de masajista erótica/ramera; anunciándose en páginas eróticas, hasta que la picardía de esta familia consiguió dejar a la puta okupa en la puta calle.
Tener que llegar a esto… Paíssss. (que diría el difunto Forges)

2 Comentarios

  1. El problema radica también en que el delito de usurpación se incoaba en los juzgados como unas diligencias previas, o para entendernos, un delito más grave. Pero hete aquí que lo cambiaron y ahora se incoa por un delito leve; es decir, no hay penas de cárcel, no importa si vuelve a reincidir y sólo hay multa o un arresto domiciliario aunque, eso sí, con la expulsión de los ocupas que haya en el inmueble. Lo cual quiere decir que la propiedad privada, a los que legislan les importa un huevo, hablando mal y pronto. Porque, además, debe ser un problema que no existe pues los políticos no he oído a uno solo que lo comente, ni siquiera de pasada, ya que, cómo no, a los politicastros no les afecta, dado que no viven en las zonas donde se produce este tipo de ilícito penal. En resumen, los que vivimos en barrios humildes tenemos que sufrir a esta infecta plaga, de los cuales no he encontrado yo uno que no sea golfo, delincuente o, simplemente, un morro que le viene mejor ocupar un piso que alquilarlo o currar para pagar una hipoteca. Y una última reflexión: Cuando nuestros poderes públicos no nos defienden, al final, seremos los ciudadanos los que nos defendamos con nuestro medios.

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