Cuando por defender tu país eres de extrema derecha

En Cataluña, la parsimonia y la dejadez de los políticos gobernantes, ha encontrado un freno; gente de bien, que se sienten muy españoles, que hartos de vivir situaciones, en las que eran acogotados,  oprimidos, y tratados como extraños en su propia tierra, incluso por gente sin raíces catalanas que se catalanizan como soberanistas para quitarse sus complejos de «charnegos».  Esta gente ha dicho basta, y planta cara a los golpistas en el día a día, retirando esteladas, quitando lazos y plásticos amarillos, o derribando las cruces que espantan al turismo y que se encuentran colocadas en muchas playas.  Estos auténticos héroes van a ser perseguidos por ese tándem formado por los de siempre, la burguesía catalana en el poder que maneja a su antojo a los mossos, y los chivatos del lumpen, de la extrema izquierda en la calle, que cuando pueden, no tienen ninguna duda en atacar en masa y cuando no pueden denuncian a los «unionistas», como los llaman, para hacerle los deberes de investigación a la policía autonómica, y que estos les retiren la resistencia. Debe ser frustrante, muy frustrante, ver como los mossos no luchan para perseguir delitos, permiten que se salten las leyes, que los indepes realicen escraches y todo tipo de puestas en escena sin decir nada, y cuando los indignados dan un paso al frente no exento de riesgo, sus enemigos no son los cobardes de los CDR o las CUP, sus enemigos son la propia policía que hasta momentos anteriores miraba para otro lado.

Por eso los malllamdos grupos antifascistas, se quejan, porque dicen que hay una cierta impunidad de la ultraderecha. Dicen que como es posible que los jóvenes de Altsasua están en prisión (los que atentaron contra los guardias civiles de paisano que estaban tomando algo con sus novias) mientras que militantes de ultraderecha sobradamente conocidos y que tienen agresiones graves en la espalda «van por la calle y no pasa nada». Además, asegura que la policía equipara los grupos fascistas y los antifascistas y los considera a todos «radicales» cuando defiende que sólo los ultras de derechas son los violentos. Como siempre, cobardes, chivatas, y con esas afirmaciones, también hijos de puta.

Pero cuentan con el apoyo de otro radical,  Borrás, uno de los voceros que ejercen de «caja de resonancia» y que considera que la extrema derecha tiene impunidad. En este sentido, critica que policialmente haya habido «una doble vara de medir», y que se haya destinado una cantidad de recursos «ingente» a investigar los CDR y las «abuelas que hacían bufandas amarillas», mientras ha habido casos «muy graves», como la quema del Ateneo o heridos de arma blanca.

En esa constante autovictimización, piden que el Govern haga frente a la ultraderecha. «Habrá un muerto, matarán a alguien, si no ha pasado hasta ahora ha sido más producto del azar que de otra cosa», manifiesta el chota al que un policía (según manifiesta), le partió la boca el otro día

Con esas intenciones Quim Torra visitó a los Mossos y les pidió que sean garantes de la desactivación de la amenaza cuando se produce una agresión de carácter fascista. Además, el Govern ha pedido al Estado convocar una Junta de Seguridad urgente «para abordar la alerta antiterrorista y ojito… el incremento de los ataques fascistas».  Volvemos a la impunidad cero.   El caso Blanquerna abrió el melón, ahora que se preparen los patriotas, porque la persecución está servida.

Así retirada la presión de los que aún (y no se porqué) se consideran españoles, en las calles… deja de peligrar la imagen internacional que quieren transmitir, y las calles vuelven a ser suyas, ejerciendo la pinza entre la represión institucional catalana, con Sánchez que mirará hacia otro lado, y las perras de los CDR que incapaces de batirse en las calles ejercerán de acusicas, para que les dejen el camino expedito.