Consentimiento expreso

Dejando a un lado el hecho de que el pronunciamiento del consentimiento expreso en las relaciones sexuales, el consentimiento informado del cachondeo nacional, es una gilipollez, su inclusión en los PGE (o en esa antesala del rejonazo que es el papelito firmado en una servilleta de La Moncloa entre Podemos y el PSOE) es una treta como otra cualquiera para regar de millones las asociaciones feministas satélites.

Los socialistas tienen bien atado este punto y por ahí no les pillará nadie. Según entren por la puerta del burdel acordarán con las meretrices las cantidades y pasarán a la acción con el consentimiento expreso de puta y putero. Los planchabragas de Podemos tampoco tendrán mucho problema; las Femen dirán cuándo y cómo a los anticapitalistas, y las del tipo marquesa, las Montero y las Maestre, son más de que las quieran, como todas, se casan a lo grande y juegan a princesas.

Diez sentencias como las de la Manada no conseguirán que el macho ibérico salga de farra con el formulario que acredite que la hembra accedió al calentón. No es que en este país se folle poco; es que siempre follan los mismos.