Cataluña o la democracia hecha infierno

No hay político del secesionismo catalán que no se  llene la boca con la palabra democracia. Es la coartada falsa que ponen detrás de cada uno de sus actos para tratar de justificar lo injustificable. Cuanto ellos llaman democracia, no lo es. No es democracia el gobierno autonómico separatista que sufren todos los catalanes que son independentistas;  no es democracia su referéndum de independencia, ni a lo que ellos se refieren con votar;  y no es democracia el futuro que desean para Cataluña.

La democracia que han ido deconstruyendo gradualmente   los distintos gobiernos  que han pasado por la Generalidad de Cataluña, todos ellos de un separatismo más o menos intenso,  es hoy en día una tiranía práctica que,  sustentada sobre el miedo, se   camufla tras formas democráticas. Los catalanes leales a España o que, simplemente,  no son separatistas sufren una tiranía real vestida de democracia aparente.

Es posible que en Cataluña exista una aparente libertad de expresión, un aparente pluralismo político, una aparente libertad de pensamiento. Hay una aparente libertad de reunión y manifestación. Y la palabra igualdad volará por todo el ordenamiento jurídico pero sólo es papel escrito. La palabra libertad se colocará en todas partes  pero en Cataluña,  los distintos Gobiernos de la Generalidad,  la han eliminado hace tiempo no en las leyes pero sí con sus hechos.  Sin si quiera avisar.

La vida en Cataluña para los no independentistas es un infierno. Un infierno real. En estos últimos días la hija de un dirigente de ERC decía que los no independentistas deben vivir  en Cataluña escondidos debajo de una piedra para no verse, como poco, señalados. Esta mujer se ha atrevido a hablar porque  todavía, ella está  aún acostumbrada  a tener el amparo independentista a sus espaldas,  no es del todo consciente de lo que supone la intemperie, es decir,   situarse fuera y no digamos ya contra el mundo separatista.  En El Muro escribe Laura y Punt, una mujer catalana que esconde su nombre y su rostro por miedo.

¿Nos hemos dado cuenta del silencio en Cataluña? Hasta el pasado 8 de Octubre, cuando la presión insoportable abrió la espita, no salió a la calle un millón de españoles en Cataluña a gritar  España.  ¿Por qué han estado callados durante años? ¿Qué les espera si Cataluña se independiza?  La respuesta,  a ambas preguntas, es miedo. Miedo a ser señalados, a perder el trabajo o a no ser contratados, a perder clientes, a que los niños pasen a ser los españolitos en los colegios, miedo a sanciones administrativas, miedo a una especie de muerte civil.  Cuando en una sociedad, una parte vive con miedo, esa sociedad no es una democracia y,  si se hace llamar así,  estamos ante una democracia infernal.

Con la misma fruición que llaman democracia al infierno que hoy es Cataluña  para los no independentistas, los secesionistas   justifican sus actos, otra vez, con la palabra democracia. Sólo queremos votar, dicen. Yo les deseo que si ven su deseo de independencia colmado, Badalona, Hospitalet, la misma Barcelona y cientos de ciudades catalanas más pidan poder votar para, a través de un referéndum, volver a ser España y liberarse del separatismo catalán. Se lo deseo de todo corazón. Supongo que su constitución recogerá el derecho universal a decidir.

¿Votar es democracia? ¿La democracia está por encima de la Ley? Si hay unos ámbitos de soberanía y   unas reglas del juego votadas, es decir, decididos democráticamente, actuar contra esa soberanía y  esas reglas del juego es ir contra la democracia. Es fácil de entender.  Y eso es así tanto si se hace con urnas  como si se hace con armas.

¿Qué democracia propone esta gente? ¿Si un barrio vota puede ir contra las decisiones democráticas  de su Ayuntamiento? ¿Si un Ayuntamiento vota puede ir contra las decisiones democráticas de su CC.AA? ¿Si una CC.AA vota puede ir contra las decisiones democráticas de España? ¿Imaginamos una sociedad así?  ¿Dónde está el límite? ¿En las Comunidades de Vecinos, en cada escalera, en cada planta?

Ni los separatistas, ni la izquierda que les apoya, son demócratas. La palabra democracia  en sus labios  es, como tantas otras  palabras en sus labios, una mentira más. Su propuesta real es la arbitrariedad, el capricho, es el fin justifica los medios, es el miedo para todos los que no son ellos. El miedo o algo peor.  Su propuesta real, su democracia, es una  democracia infernal.

Eduardo Arias