Carta del padre de Marta del Castillo. Una somanta palos a tiempo

Antonio del  Castillo, padre de Marta del castillo, dice  en su carta las cosas a la hora de encontrara el cadáver de su hija  van “no sólo igual sino peor”. La impresión que tiene es sus preguntas molestan,  que el mensaje que recibe es el de que debe olvidar.  Intuye que “si el cuerpo de Marta aparece, será por casualidad”. Se queja en su carta de que las cosas no se hicieron bien ni al principio, ni al final.

La pregunta es ¿cómo puede defenderse la sociedad de personajes como Miguel Carcaño, el asesino de Marta del Castillo? Ya no nos referimos a la evidente necesidad de impedir que en una sociedad se cometan asesinatos. Nos referimos a una situación, en la que, como en esta, un asesino se ríe de la sociedad, de los jueces, de la policía y de la familia de la víctima y no canta por soleares donde esta el cadáver de su víctima, en este caso, Marta del Castillo. ¿Es justo que sea así?

El derecho está para hacer lo justo no para regodearse en sí mismo. ¿No está justificado que Miguel Carcaño cante como sea con aquello del estado de necesidad? Si no lo está, que se legisle. Que se legisle de forma que se abra la posibilidad de que en casos como este o similares, el delincuente cante. Imaginemos que un tío secuestra a un niño o unos terroristas a un tío. Se detiene al pájaro o a alguno de los pájaros en cuestión. . No hay manera de encontrar al niño o al tío secuestrado y el o los detenidos no cantan. ¿Le leemos los derechos y ya está?