Camboya recuerda a las víctimas del Jemer Rojo en el Día Nacional de la Memoria

En ninguno otro caso queda más patente que en el camboyano que el paraíso comunista que nunca llega arranca siempre con un infierno de horrores. Rusia, Cuba, China, Vietnam… son ensayos para destapar el tarro de la decadencia moral del hombre, para el animalismo más absurdo y cruel. El carácter diabólico de un sistema que en España pudimos padecer también. Es el horror de la checa, de la sangre por su olor y sin sentido, del exterminio de cualquier atisbo de razón. Sorprende que hoy todavía haya pueblos dispuestos a pasar por el experimento y seres preparados para llevar a término eso que llaman utopía y que no es más que razón de muerte.

Los camboyanos han celebrado este domingo el Día Nacional de la Memoria, dedicado a las víctimas del Jemer Rojo, la organización maoísta dirigida por Pol Pot que gobernó el país entre 1975 y 1979, responsable del genocidio que acabó con la vida de alrededor de 1,7 millones de personas.

En Phnom Penh, unos 7.000 camboyanos vestidos con camisas blancas y pantalones o faldas oscuros y con flores blancas formaron largas filas en el Memorial de Choeung Ek, un monumento en honor de las víctimas construido en uno de los campos de exterminio del Jemer Rojo.

Los investigadores del genocidio camboyano encontraron 8.895 cadáveres en Choeung Ek, un terreno situado a unos 17 kilómetros al sur de Phnom Penh y que había sido antes de la guerra civil un jardín y viñedo chino.
El espacio ha servido para, además de las ofrendas, representar algunas de las barbaridades que sufrieron los camboyanos durante el imperio de terror que impuso el Jemer Rojo, como las ejecuciones masivas, las purgas o las deportaciones colectivas al campo en condiciones inhumanas para establecer un sistema socialista agrario.

El primer ministro del país apela a mantener la paz.

El primer ministro de Camboya, Hun Sen, quien militó en las filas del Jemer Rojo antes de escapar a Vietnam y regresar con el ejército que liberó el país, ha apelado a sus compatriotas por mantener la paz, en un mensaje por las redes sociales.
Hun Sen, primer ministro del país ininterrumpidamente desde 1985, recordó los asesinatos, la destrucción, las evacuaciones forzosas y el trabajo forzado en una época en la que no había medicinas, comida o derecho a la vida.
“Hoy (…) la gente vive confortable en familia, tiene un trabajo de acuerdo con su formación y preferencia y un nivel de vida decente. La paz ha ofrecido a cada ciudadano la oportunidad de formar una familia, una comunidad y una nación. Mantengamos la paz por siempre”, ha asegurado Hun Sen, según una traducción del texto en camboyano.

El Gobierno camboyano estableció en 2017 esta festividad porque el 20 de mayo de 1973 está considerado la fecha de nacimiento del Jemer Rojo. La organización se desintegró poco después de que el “hermano número uno”, Pol Pot, falleciese en 1998 en la jungla del norte de Camboya a manos de sus correligionarios.
Juicio a los antiguos jefes de los jermeres rojos.

La ONU y el Gobierno camboyano organizaron un tribunal internacional para juzgar a los antiguos jefes de los jermeres rojos que vivían y que empezó a funcionar en 2007. La primera sentencia se pronunció en 2010 contra quien digirió la prisión de Tuol Sleng o S-21, Keing Guek Eav, alias Duch, y fue condenado a 35 años de cárcel, aunque la pena acabó en cadena perpetua durante la apelación.

El siguiente juicio se dividió en fases para agilizar el pronunciamiento de una sentencia ante la edad de los imputados: Nuon Chea, 91 años, el “hermano número dos” e ideólogo del Jemer Rojo; Khieu Samphan, 86 años, jefe de Estado del régimen del Jemer Rojo; Ieng Sary (1925-2013), ministro de Exteriores; e Ieng Thiriht (1932-2015), esposa del anterior y ministra de Asuntos Sociales.

En 2014, Nuon Chea y Khieu Samphan fueron condenados a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad, sentencia que se ratificó en 2016, y en la actualidad son juzgados por el genocidio perpetrado contra la minoría musulmana cham y la población vietnamita, y la política de matrimonios forzados y violaciones, entre otros cargos.
Ieng Sary murió en marzo de 2013 a los 87 años, y su esposa y exministra, Ieng Thirith, cuyo caso fue suspendido después de que se le diagnosticara demencia, falleció en 2015 a los 83.