Así amordaza el estado a los sindicatos… y ellos se dejan amordazar. Por José Pedro Cruz.

Hace ya mucho tiempo que los sindicatos están amaestrados, aborregados, domesticados, al menos en España, da lo mismo que gane la izquierda o la derecha, ya ni siquiera hablan de pactos, ni tienen necesidad de aquellos famosos AES, (Acuerdo Económico y Social). Ellos, los sindicatos, o más bien los dirigentes de los sindicatos, sus estructuras y organigramas, tienen las espaldas cubiertas, no les falta combustible para que el apetito insaciable de sus tremendos fogones, lance enormes llamaradas; por lo tanto… ¿cómo, o más bien para qué, van a intentar derruir un régimen o presionar sanamente a los representantes del capitalismo liberal?.

Por hacer que hacen algo, se lanzan a las calles acompañados de perroflautas a lanzar soflamas antifascistas, hacen de acompañantes también de las feministas radicales para lanzar soflamas antimachistas, o acompañan al sindicato de manteros (actividad ilegal) para lanzar soflamas antirracistas. Vamos que son los chicos de las soflamas, o las damas de compañía de cualquier movimiento más reivindicativo de ellos en cualquiera de las materias que les pueda restar protagonismo, pero… y eso… ¡a qué se debe? – Vamos a verlo.

Por una parte sus dirigentes, han dejado de ser los representantes de los “oprimidos” (si es que alguna vez lo fueron), para convertirse en parte de la “casta”. No faltan en sarao alguno, en presentaciones de libros, como tertulianos, (bien pagados), en los programas de radio, o en eventos con ágape incluido, sobre todo si hay degustación de crustáceos en general, y de bichos rojos con antenas en particular.

Pero sobre todo, hay tres patas que sujetan este taburete sindical, al que todos quieren acabar subiéndose, y del que pocos se bajan, a saber:

1º.- Los liberados sindicales. Nadie se puede hacer una idea de la cantidad de liberados sindicales que puede haber. Por una parte están los institucionales, que son los que se pactan con la administración en base a la importancia que les da la “supuesta” representación obtenida, (luego hablaremos de esas comillas y su porqué en el punto 3º) a los delegados institucionales, habría que sumarle otros que se negocian de manera sectorial, en lo que se llama la bolsa de horas; y luego aquellos que provienen de la acumulación de créditos horarios entre varios representantes, siendo los redondeos siempre favorables, me explico: si un delegado sindical, obtiene un crédito horario de 40 horas para realizar su función sindical, pero por las características de su trabajo puede desarrollar esa función sin tirar de las mismas, como que no es cuestión de perderlas; por lo que inmediatamente se acumulan a las de otro compañero, y en cuanto un tercero haga lo mismo… tenemos a un delegado sindical que tiene 120 horas, y si tiene que trabajar 150, pues por 30 no va a ir a su puesto de trabajo. Se le redondea, (sobre todo en grandes empresas, y en la administración), y por arte de birli-birloque, ya tenemos un empleado al servicio del sindicato gratis. Cuando sumamos, nos damos cuenta de que hay miles de empleados, liberados de sus puestos de trabajo, que a coste cero para la Central Sindical a la que pertenezcan, pasan a realizar las funciones que en la misma le encomienden. Ya sea en su propia sección sindical, cubriendo tareas burocráticas en la sede del sindicato, como agitadores profesionales o manifestantes permanentes, o apoyando otros sectores de su estructura que se encuentren más desfavorecidos. Es decir… El estado tiene agarradas de las “pelotas” sindicales a un montón de liberados totales, que quieren seguir estándolo, unos por vocación, y otros muchos porque previamente tenían problemas en su trabajo al que no quieren volver. (Esa subvención encubierta, podría cuantificarse, y el importe económico resultante podría ser de auténtico escándalo.)

2º.- La segunda pata de este banco, son los cursos de formación: A los sindicatos se les ha permitido tradicionalmente la realización de cursos de formación, cursos en los que se imparten distintas materias de todo tipo, y que en vez de realizarse por centros especializados se imparten por los propios sindicatos, a los que se les ha dado el poder absoluto en la organización, selección de alumnado, centros de impartición, selección del profesorado, cobros y pagos. Con esos cursos se premia a los afiliados que apoyan la línea oficialista de la sección o sector sindical que los organiza, se premia a muchos de los organizadores, que sin necesidad de asistir (al más puro estilo Cifuentes) acaban teniendo el titulito, con el que luego suman puntos, o adquieren conocimientos para poder concursar en unas condiciones más ventajosas en los concursos de traslado o nuevos destinos que necesitan una cualificación concreta, (fundamentalmente en empleados públicos, laborales o funcionarios). Y luego por supuesto el beneficio económico, la realización de un solo curso de formación para 25 personas, o unas jornadas sindicales, puede suponer un ingreso para el sindicato, de pongamos… 3.000 Euros, de ahí deberán pagar el alquiler del local en el que se realiza, normalmente locales cuyo uso la administración ya ha cedido a los sindicatos, o que le pertenecen por las famosas devoluciones del patrimonio sindical requisado durante la guerra civil. (En este punto tiene mención aparte el trato de favor recibido por Comisiones Obreras, a la que se le devolvió un gran patrimonio sindical, edificios y locales, que nunca había tenido, puesto que El sindicato CCOO es de creación posterior al periodo bélico 36-39, siendo fundada esta central sindical en el año 62, y habiendo recibido ese patrimonio en detrimento de otros sindicatos menos sumisos, como la CNT). Volviendo al tema que nos ocupa, y dado que el coste inmobiliario de la realización de los cursos es cero, y el de unos folios y unos bolígrafos, inapreciable, el único gasto es el correspondiente a los formadores, muchos de ellos también liberados sindicales, o gente de su entorno y confianza que salen muy beneficiados económicamente, pero que aún así dejan unos márgenes a las estructuras del sindicato absolutamente bestiales,  en muchos casos se cobra o se ha cobrado incluso por cursos inexistentes, disfrazándose de cursos meras reuniones de afiliados a los que se les hace firmar un control de asistencia, de modo que han esquilmado los fondos de formación de algunas administraciones, los del Forcem, o los de Eurofedop. Habiéndose levantado todas las alertas por parte de Europa que ha decidido poner freno a estas prácticas y establecer unos mayores sistemas de control sobre los fondos que tan alegremente se concedían y que más alegremente se distribuían por pícaros sindicalistas. El volumen de la corruptela estaría aún por cuantificar, pero los números son millonarios.

3º.- y la tercera pata, con el que los distintos gobiernos amordazan la posible resistencia de las centrales sindicales, se llama: Delegados de Cómputo. Seguramente la mayoría de nuestros lectores desconozcan de qué les estamos hablando.

-Obviamente se trata de … Dinero.  Un caudal de dinero ingente con la que se financian las Centrales Sindicales. A fin de que haya un correcto desarrollo democrático, en la Ley de Presupuestos del Estado se contemplan importantes pagos a los distintos agentes sociales que operan en los distintos ámbitos de nuestra administración; a saber: Los partidos políticos cobran una cantidad en subvenciones, cuantificada directamente por el número de votos y el número de representantes que le otorgan los mismos como diputados y senadores, en las distintas cámaras nacionales, en escaños en los parlamentos autonómicos, o alcaldes y concejales en la administración local. También las organizaciones empresariales, y del mismo modo, y aunque pocos lo sepan, los sindicatos se reparten una importantísima lotería millonaria en base a los delegados que obtienen cuando se celebran las elecciones sindicales. A poco que nos informemos observaremos que CCOO es el sindicato mayoritario, con un porcentaje superior al 36%  y con casi 95.000 delegados. (UGT, tiene más de 87.000) es decir sólo entre esas dos centrales sindicales tienen casi 200.000 delegados sindicales, lo que les da la posibilidad de ser consideradas centrales sindicales más representativas, y les permite el acceso a las negociaciones laborales estatales, participando en los cientos de convenios laborales existentes, pero además… y mucho más importante para ellos son, las millonarias subvenciones que reciben por cada uno de esas decenas de miles de delegados que pueden atesorar, (nunca mejor dicho). Se trata de los delegados de cómputo, con los que cada central sindical se sitúa en un puesto en el escalafón de los más importantes, y además cobra una cantidad fija por cada uno de ellos, repartidas, en cuatro veces, una por cada uno de los cuatro años que tardan en volver a celebrar elecciones sindicales. Eso supone una cantidad estimada mínima para este sindicato que hemos cogido a modo de ejemplo, de unos 15 millones de Euros anuales, a los que obviamente habría que sumar el importe correspondiente a las cuotas de afiliación (en el caso de CCOO) unos 120 millones de Euros, (eso a pesar de que España tiene una de las cuotas de afiliación sindical más bajas de Europa), y la autorización de la “cuota litis” hasta hace poco prohibida, y no por eso desechada, pero ahora ya consentida; por la que este sindicato comunista se embolsa en concepto de porcentaje de sus demandas a las empresas, no menos de otros 20 millones de Euros anuales.  Eso centrándonos en el Sindicato mayoritario, a los que deberán sumarse los porcentajes de todos los demás.

¿Alguien sabe de dónde saca CCOO los casi 95.000 delegados?,  pues de la práctica del amarillismo sindical más vergonzoso, ofreciéndose para la realización de preavisos consensuados con la patronal de cada una de las empresas del barrio, la peluquería, el supermercado, el taller de automóviles, la academia de idiomas, o la gasolinera, donde hacen un preaviso de pastel, unas elecciones de pastel, donde se nombra un delegado de pastel, muchas veces la persona de confianza del empresario que permite este pasteleo, pero que al final sube a la casilla de delegados conseguidos por el Sindicato en cuestión, donde se inicia una especie de guerra sindical despiadada entre los sindicatos más fuertes, que llegan a tener incluso “comerciales agresivos” que trabajan a comisión, yendo de puerta a puerta ofreciendo sus servicios en la realización de elecciones “ficticias”, pero con las que van sumando delegados hasta llegar a esos 95.000 de CCOO, a los que deberemos sumar otro montón de miles de delegados de otras centrales.  Obviamente es muy distinto en las grandes empresas siderúrgicas, o mineras por ejemplo, donde la fuerza sindical es más fuerte, el porcentaje de afiliación mayor, y las elecciones son más reales, pero el número de delegados de los Comités de Empresa de estos grandes centros de trabajo no incrementarían el elevadísimo número de representantes por los que la administración paga. A esas cifras sólo se puede llegar con estos delegados que mencionamos, de cómputo, con los que los sindicatos siguen nutriendo sus cuentas corrientes. Y tras estas tres patas mencionadas, y otras pequeñas canongías, como los alquileres de sus locales, para obras de teatro, por ejemplo, subvenciones por asesoramientos a los colectivos de inmigrantes, o enormes subvenciones a través de las ayudas a la mujer canalizadas por los colectivos feministas.

¿Hay alguien que piense que van a mojarse en una defensa real de los trabajadores? Quita, quita, a ver si les van a quitar el chollo.

Todo el tira y afloja de las Centrales Sindicales, está absolutamente teatralizado para dar gusto cada uno a su propio público.

Eso sí, a poco que le menciones algo de esto a cualquier sindicalista, tardará menos de una décima de segundo en decirte que también la Iglesia (sobre todo la católica) tiene grandes subvenciones y beneficios fiscales, lo cual es cierto, pero… todos hemos oído hablar de los comedores y de las ayudas sociales de Cáritas;  lo que nunca nadie habrá oído hablar es de los comedores sociales para trabajadores, donde se reparta comida por parte de las Centrales Sindicales a los más desfavorecidos; en España eso no sucede, si quieres que un sindicato te dé de comer… tendrás que hacerte delegado del mismo, y entonces con el tiempo, comerás bichos rojos con patas y antenas, regados con abundantes caldos, con los que llenarás el estómago; un estómago agradecido.

 

4 Comentarios

  1. El planteamiento de los sindicatos es muy sencillo. DAME PAN (ES DECIR, SUBVENCIONES), Y DIME TONTO.
    Hoy por hoy, son el equivalente al sindicato vertical en los años 70: UN CAPARAZÓN QUE POR DENTRO ESTÁ VACÍO.
    No tienen ningún poder. Hay muy pocos afiliados e ingresos propios.
    LO ÚNICO QUE HAY ES MUCHOS LIBERADOS SINDICALES, QUE NO QUIEREN TRABAJAR…, y miles de «aspirantes» a vivir del cuento.

  2. Discrepo muy mucho de su comentario, Ramiro. Las comisiones de Trabajo de los sindicatos verticales tenían una importancia mucho mayor en el tejido social que estos señoritos. Los servicios de mediación, la obra sindical… nada que ver.
    Cuando un trabajador le decía a su jefe: me voy a ir al sindicato, a este le temblaban las canillas. La organización sindical por ramas de producción con agentes y inspectores independientes del correcto funcionamiento de los mismos, con auditores contables que no pasaban ni una a la propia Dirección de los sindicatos… en fin … me reitero… nada que ver.

    • No lo dudo.
      Pero en su última época, años 1973 en adelante, con la «desaparición» del régimen, la transformación de los sindicatos verticales en la A.I.S.S., Administración Institucional de Servicios Socioprofesionales, o algo así, ibas a la sede y veías a todos los funcionarios sin nada que hacer, pues la gente ya pasaba totalmente de ellos.
      Es más, llegó un momento en que ni siquiera le permitían poner demandas en los Juzgados, en defensa de los trabajadores.
      Había que primar a CC.OO. y UGT.
      A eso me refiero, que ahora los sindicatos me da la impresión de que están sufriendo una situación similar a la AISS, que son un caparazón vacío, pero eso sí, lleno de LIBERADOS SINDICALES Y EMPLEADOS que no hacen nada, pero cobran puntualmente a final de mes, a base de subvenciones.

      • Nada que decir, la AISS si fue un caparazon vacío hasta que fueron recolocando a los funcionarios, que tuvieron que encerrarse en el Paseo del Prado, porque de la noche a la mañana los echaban a la calle, posteriormente los fueron recolocando como cuerpo a extinguir en S.Social, Inem y Magistraturas de Trabajo.
        No puedo asegurarlo ahora pero ya creía que la AISS era posterior a la muerte de Franco

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