Aquí estoy, aquí sigo, Madre. Por Eduardo García Serrano.

Varias democracias europeas se están planteando reinstaurar el Servicio Militar Obligatorio por imperativo estratégico y por su indudable valor de cohesión social y nacional. Claro que son democracias mucho menos avanzadas que la española, como Alemania, Francia y Suecia. Tranquilos que no les voy a contar una historia de la “mili”, de mí “mili”, con las que tan pesados nos ponemos los dinosaurios que sí la hicimos, que orgullosamente la hicimos.

Acudí voluntario como se acude a servir a la madre. No quise esperar mi turno, la llamada oficial, como hacen esos hijos que sortean, incómodos, el servicio de imaginaria cuando la madre bosteza en un asilo perdida entre las brumas de su memoria y anclada a un andador esperando al hijo que llega a lomos de un sorteo de servicios domésticos inexcusables, sin devoción y sin pasión, sin gratitud y sin pudor, y que mira el reloj con más premura , con más inquietud, que a la patria de sus huesos, para aliviar su conciencia en el bidé del deber cumplido.

La noche antes de acudir voluntario a las Banderas brindé con un viejo alférez de Infantería. Colmó mi copa de clarete navarro, levantó la suya y pronunció las palabras eternas de los Tercios Viejos. Como una oración escanció en el vino de la alegría el compromiso del capitán Diego Hernándo de Acuña: “Por España/y el que quiera defenderla, honrado muera/Y el traidor que la abandone no tenga quien le perdone/ni en Tierra Santa cobijo/ni una Cruz en sus despojos/ni las manos de un buen hijo/para cerrarle los ojos”. Aquel viejo alférez era mi padre y, pocos años después, mis manos le cerraron los ojos.

Con el calor de ese brindis crucé el umbral del cuartel, almenado con una leyenda absoluta: “Todo por la Patria” que ni el más sutil de los traidores, el más brillante de los camaleones ideológicos ni el más luminoso de los anfibios filosóficos han sido capaces de relativizar, porque los conceptos más transcendentes encarnan siempre, y más en España, en cosas sencillas, próximas, cercanas, asequibles. “Todo por la Patria”, sí. No hace falta haber bebido en el Pozo de la Sabiduría de Salamanca para entenderlo. En España, incluso los agnósticos de la idea de la Patria han sido capaces, si no de entenderlo sí de ejecutarlo cuando en alguna encrucijada histórica un paisano desafiante, sin más letras que el Catecismo (y ya es bastante) ni más ábaco que las cuatro reglas, les ha susurrado al oído: “¿¡Qué, es que no hay huevos!?, y hasta al agnóstico de la Patria le empiezan a picar las pulgas de la pelliza de Viriato y entonces entiende lo que sus latines y sus álgebras no han sido capaces de explicarle: “Todo por la Patria”.

Y está bien que así sea, porque los latines y el álgebra a veces nublan las entendederas, nos hacen perder las perspectiva y trucan la balanza de los principios inclinándola siempre al confort del mentidero relativista, donde todo vale. Y cuando todo vale es que nada tiene valor. El valor de la Bandera que juré voluntario, el valor del cornetín de órdenes del que Quevedo decía “le das fuerza de ley al aire vano”, el valor de una formación de soldados, el valor de la vida que es milicia y el valor de la madre que hoy bosteza en el asilo de la Historia esperando oír entre las brumas de su memoria el taconazo de las botas de sus hijos, de sus soldados.

Aquí estoy, aquí sigo, Madre. Todo sea por ti mientras espero que las manos de un buen hijo puedan cerrarme los ojos sin mancharse de vergüenza.

1 Comentario

  1. Don Eduardo, su artículo me ha conmovido, como supongo le sucederá a cualquier español de bien, a todo patriota.
    Yo realicé el servicio militar obligatorio, con varios años de retraso, gracias a las famosas prorrogas por estudios.
    SERVÍ DURANTE UN AÑO A MI PATRIA, pero no lo considero un tiempo perdido, ni mucho menos.
    Me permitió conocer a mucha gente, a buena gente, de Extremadura, Andalucía, Castilla, y hasta de Cataluña, a comprender la grandeza y unidad de España, y eso a pesar de tantos hijos de puta como nuestra Patria ha parido, sobre todo en las últimas décadas.
    ¡VIVA EL EJÉRCITO Y VIVA ESPAÑA, SIEMPRE UNIDA!

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