A vueltas con las pensiones

El tema de las pensiones es simple y, a la vez, complicado. Simple, porque parece evidente que de alguna manera hay que sostener la vida de aquellos que, por edad, dejan de trabajar. Para eso se inventaron las pensiones de  jubilación y no creemos que eliminarlas sea una buena idea, más que nada para no ver ancianos por la calle muertos de hambre. Complicado, por las circunstancias económicas actuales, no por el sistema en sí.

El sistema es claro como el agua. Los trabajadores de hoy pagan las pensiones de los trabajadores del pasado. El sistema, en buena lógica, debiera poder funcionar hasta el fin del mundo momento en el que, es cierto, los últimos cotizantes habrían cotizado y en el futuro no recibirían nada.

¿Cuál es el problema? El empleo. En segundo termino, los salarios. Si son bajos se recauda menos. ¿Qué es lo prioritario? Crear empleo y, aunque parezca de Perogrullo, no tener parados. ¿Nuestra sugerencia? Mírense históricamente aquellas políticas que han creado situaciones de pleno empleo en España. Lo sentimos, mírese a Franco. Y no nos vengan con el rollo de la emigración: ya quisiera tener España el número de parados que emigrantes españoles lo fueron a la vez. ¿Qué política fue? Combinación de sector público y privado coordinado y orientado desde el Estado. Ni la mano libre del mercado, ni la socialización de los medios de producción. Curiosamente, Franco fue el centro o, lo que es lo mismo, el pragmatismo económico que eso debe ser la economía casi al margen de ideologías salvo la idea fija  de mejorar, día a día,  la vida del pueblo.

¿Por qué decimos lo de no tener parados como algo diferente a crear empleo? Pues hombre, parece evidente que  traer inmigrantes habiendo parados lo que hace es aumentar el número de parados. De la misma manera, los subsidios por desempleo no deben ser altos y sólo deben ser largos por la torpeza del Estado. No hay que fomentar el parado por vagancia.