60 mártires, asesinados por los rojos, beatificados por la Iglesia Católica sin que se entere nadie. Hasta el próximo martirio

La Iglesia Católica española ha realizado una ceremonía, más o menos en secreto – desde luego, más en secreto que el Obispo de Solsona se cisca en España – en la que se ha beatificado a 60 españoles, mártires, asesinados por los rojos en la Guerra Civil española.

La Iglesia describe la ceremonia como un acto al que “los familiares y miembros de las distintas congregaciones acudieron con una ilusión muy grande.”  Siguió el asunto como una “ceremonia muy festiva. Antes de comenzar la misa de beatificación, se proyectó un vídeo en el que aparecían los nombres de los nuevos beatos. La gente aplaudía cada vez que pronunciaban el nombre del mártir”. “En toda la ceremonia reinó un ambiente festivo, de paz, y de perdón. Todos rezamos por la conversión de los asesinos, porque seguimos el mandato de Jesús: Padre,  perdónales porque no saben lo que hacen”, declara Jaime Moreno.

El cardenal Angelo Amato recordó que “celebrar a los mártires es celebrar el amor de Dios. La Iglesia hace esto con un doble propósito: invitar a los fieles a permanecer firmes en la fe y animar a todos a evitar el terror de esos años oscuros. Por eso, los mártires son una oportunidad para ensalzar la fuerza del bien que vence al mal”, informa el arzobispado de Madrid.

A Dios rogando y con el mazo dando.  Menos mal  que eran mártires. Si llega a ser una comunión montan la fiesta padre. A la Iglesia hay que decirle que su tibieza, cuando no su hasta adhesión a los defensores de los  asesinos rojos de hoy en día, roza lo enfermizo y, desde luego,  es inmoral. Hay que decirle a la Iglesia  que  quién la salvó de un martiro aún mayor fueron Franco, los falangistas, los requetés, la derecha activa y la parte del ejército falangista, tradicionalista o de derechas. Ellos fueron el bien que venció al mal. No estaría mal que, alguna vez, algún Cura se mojara públicamente en defensa de quienes se dejaron las tripas y la vida para minimizar el genocido que sufrieron los católicos en la Guerra Civil española.