Rostros pálidos de color negro. Por Manuel Escolano

Junto a las inolvidables “Río Bravo” y “La Diligencia”, permanecen en mi memoria pelis del oeste que se apartan de los caminos trillados. Por ejemplo, “Dos hombres y un destino”. O “Pequeño gran hombre”.

Esta última, por ejemplo, nos cuenta la historia de un niño blanco raptado por los indios, y educado como tal. Hasta le ponen nombre indio: Pequeño Gran Hombre (o, lo que es lo mismo, Chiquito Pero Matón). Cuando crece, su padre indio le confiesa la realidad de su vida: no es indio de nacimiento, es adoptado.

Aquí la cosa se pone bastante interesante, porque nuestro héroe quiere conocer sus raíces y su cultura, y retorna a la “civilización”; la trama nos permite ver las Guerras Indias desde los dos bandos vistas a través de los ojos de alguien que pertenece a los dos o, lo que es lo mismo, a ninguno.

Aparte de algunos deliciosos momentos de pura malicia, como cuando retratan a Custer (pretencioso, asesino y probablemente el peor militar de la historia), hay uno que es sublime: cuando Pequeño Gran Hombre vuelve a su tribu (llamada de los “Seres Humanos”). Su padre adoptivo y jefe del clan, le comenta: “… los Rostros Pálidos deben de estar en guerra entre ellos (se refiere a la Guerra de Secesión), porque hemos encontrado cerca del río el cadáver de un rostro pálido de color negro”.

La lógica aplastante de que quien no pertenezca a la tribu de “Los Seres Humanos” no es un ser humano, se continúa y perfecciona con la premisa de que el mundo se divide entre Pieles Rojas y quienes no lo son: o sea, Rostros Pálidos. Y rostros pálidos los hay de todos los colores: blancos, negros y amarillos.

La línea de pensamiento que mantiene nuestro buen salvaje no es ni pionera, ni extraordinaria: la observamos a diario en nuestra vida política toooodos los días… pero hoy me gustaría hablar como se aplica a la religión.

Decía Buñuel que: “No creo en las religiones. Por no creer, no creo ni en la mía, que es la verdadera.”

Aparte de la tontería más o menos graciosa de don Luis, creo que en parte acierta y en parte se equivoca: acierta cuando afirma que es la religión verdadera, y se equivoca cuando dice que no cree en las religiones.

La religión no se limita a la fe, la doctrina y los rituales (con ser importantes); es también la manera de estar y relacionarse con nuestros semejantes y, por ello, los valores básicos de la sociedad en la que se desarrolla. Diga lo que diga y por mucho que presuma de ateo el aragonés, su vida, su moral y su forma de ver y entender el mundo es básicamente cristiana, porque la sociedad en la que nació y vivió es esencialmente cristiana: cristianas sus costumbres, cristianas sus relaciones. Cristianas y hechas por cristianos sus leyes. La equidad, la compasión y el amor por el prójimo que se traducen en normas fiscales más distributivas, o en normas penales que buscan la reinserción del preso, o en legislación para la igualdad son básicamente de raíz cristiana, así como los valores y principios comunes a nuestra sociedad.

Y sobre todo: quiero creer que Buñuel nunca entendió a su prójimo como un “ellos” y un “nosotros”, como pasa en otras religiones.

Para los musulmanes el mundo se compone de un lado, de la comunidad de los creyentes (nosotros) y del otro, los infieles (ellos). A los miembros de la comunidad, todo se les ha de dar. A los infieles, ni agua. Y hay infieles de todos los colores: judíos, cristianos, ateos… que a los judíos les tengan especial cariño en Oriente Próximo se debe a cuestiones políticas, no a que hagan diferencias entre infieles. La Guerra Santa, la Jihad recogida en el Corán, es contra todos. Contra los judíos por Palestina. Contra los cristianos por Al-Ándalus. Contra el Gran Sheitan yanqui por corromper con oro a otros musulmanes que no son ellos. Etc…

Para los Judíos, el universo mundo se divide entre el pueblo elegido (nosotros), y los gentiles o “goyim” (ellos). Goyim, como en el caso de los rostros pálidos y en el de los infieles, los hay de todos los colores y pelajes, los cuales no es necesario diferenciar. Así, la comunidad judía del “país equis” siente más proximidad con la comunidad judía del “país zeta” que la que siente cada una de ellas con su país, pues solo se trata de gentiles de una u otra ralea. Como muestra, un botón: cuando un miembro de la comunidad se casa con un gentil sea del color que sea, se celebra un funeral. Está muerto para la comunidad, ha traicionado a su pueblo. Se recita el Kadish, y a otra cosa.

Para los ateos, y sobre todo me refiero a los ateos de izquierdas, solo hay dos opciones: la razón y el conocimiento (nosotros), y la superstición, la ignorancia y la intransigencia (ellos). Olvidando que el querer tener razón siempre suele llevar a no tenerla casi nunca, que las comunidades religiosas, sean de la confesión que sean, han salvaguardado la cultura en diferentes sociedades y épocas. Que lo que llaman superstición son rituales que se repiten formando una tradición espiritual más que necesaria que nunca en este mundo contingente, y… de verdad los comunistas pueden acusar de intransigencia a ser alguno de este lado de la Galaxia? Creo que no.

La religión católica y la doctrina de Cristo son las verdaderas, sólo sea porque son las mejores. Porque el valor sobre el que se sustenta nuestra religión (que, sí, es la verdadera), no es otro que el puro y simple amor. Hay inmejorables personas que profesan otras religiones (o que no profesan ninguna de ellas), pero parten siempre del nosotros y ellos (todos los demás). Es por ello que hay musulmanes radicales, judíos integristas y ateos intransigentes. En los tiempos modernos eso es impensable en el cristianismo.

Es bueno recordar esto: en nuestra religión no hay rostros pálidos de color negro. Solo hay semejantes a los que amar.