Las crecidas del Ebro o cómo seguir en deuda con Franco

Los regantes y porductores del Delta del Ebro volverán a ver cómo sus campos se cubren de nuevo de los sedimentos orgánicos que deja la crecida del río. Lo que es bueno para ellos es malo para los miles de cientos de personas que viven y dependen del Ebro en todo su curso. En 40 años de democracia no se ha realizado una sola obra de acondicionamiento o canalización del río, no ya digamos de contención de sus aguas (el gobierno que se atreviese a tal podría ser tachado de franquista) y esto hace que, un año tras otro, el río tire millones de metros cúbicos de agua al mar sin más aprovechamiento que regar abundantemente el delta.

El caudal máximo del río Ebro llega este lunes a la comarca de la Ribera Baja, tras pasar este domingo por Zaragoza provocando incidencias menores.

Se espera que el caudal aumente no más de 15 centímetros, según indicó este domingo el consejero aragonés de Presidencia, Vicente Guillén. Guillén visitó las localidades zaragozanas de Alfajarín y Pina de Ebro, donde se centran ahora todos los esfuerzos, al ser la única en la que su casco urbano puede correr peligro de inundación.

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