Los líderes occidentales doblan el espinazo para acatar las directrices de EEUU en Siria

El Estado Mayor ruso ha dado detalles respecto al ataque contra Siria efectuado por EE.UU., Francia y Reino Unido este 14 de abril. En total fueron lanzados 103 misiles, en teoría, buscando destruir bases de fabricación de armas químicas.

Este extremo es harto comprometido porque si el ataque perseguía la destrucción de estos centros, dando por buena la valoración transmitida por la OTAN de éxito de la operación, miles de productos químicos contaminantes y altamente peligrosos habrían sido liberados tras el ataque de EEUU, Francia y Reino Unido. Algo que haría mucho peor el remedio aplicado que la enfermedad supuestamente contraída.
“Fueron interceptados 71 misiles de crucero”, ha afirmado el jefe de la gestión operativa de las Fuerzas Armadas del Estado Mayor de Rusia, Serguéi Rudskói, quien ha precisado que sus objetivos incluyeron bases aéreas de las fuerzas gubernamentales sirias.

No hay instalaciones de producción de armas químicas en Siria, hecho que fue constatado por la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ).

La semana pasada, Occidente acusó al Gobierno del presidente sirio Bashar al Assad de haber perpetrado el 7 de abril un ataque químico en la ciudad de Duma (Guta Oriental), tras aparecer reportes no confirmados sobre esa supuesta acción.
El Consejo Ejecutivo de la OPAQ anunció que emprendería una investigación independiente el 14 de abril, pero este bombardeo contra Siria fue realizado antes de que la misión llegara al terreno. El presidente estadounidense Donald Trump ordenó el ataque sin autorización del Congreso de su país ni la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU.

Hasta ahora no ha sido presentada ninguna prueba que confirme el supuesto ataque químico. El embajador ruso en Naciones Unidas, Vasili Nebenzia, destacó ante el Consejo de Seguridad de ese organismo internacional que en los hospitales de Duma no hay pacientes con síntomas de intoxicación ni hay pruebas de suelo que delaten el uso de sarín o cloro.

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