Don Íñigo Méndez de Vigo y Montojo. El melifluo Barón de Claret. Por Ramiro Grau.

Del petulante Barón lo primero que podemos decir es que está encantado de haberse conocido, y solo hay que ver su porte noble, sus aires aristocráticos, y sus trajes bien cortados.

Y ello aunque el título sea “de rebajas”, de esos que se rehabilitaban fácilmente con la normativa anterior, buscando una relación remota en el tiempo, y la generosa aportación a alguna causa benéfica, que ablandara a las autoridades políticas competentes, del Ministerio de Justicia…

Pero eso es lo de menos.

Cuando uno viene de una familia acostumbrada a mandar, siempre al lado del poder, con fuertes lazos con algunas de las familias más importantes de España, todo viene por sí mismo: una buena educación, una buena boda, unos buenos empleos, digo enchufes, etc.

España es ansí, y no la he inventado yo.

Aquí unos nacen con estrella y otros estrellados, y por desgracia para mi familia, yo debo de pertenecer al segundo grupo.

Pero este hombre es francamente sorprendente, y como toda la gente sorprendente, también contradictorio… Con una mano firma la entrega a Aragón parte del tesoro del Monasterio de Villanueva de Sigena, en la provincia de Huesca, como representante del Gobierno de España, y con la otra mano –quiero suponer-, firma los recursos contra dicha adjudicación, en nombre de la Generalidad catalana, ex artículo 155 de la Constitución. Tan pancho.

Debe de aplicar el dicho evangélico de que lo que haga una de tus manos, no tiene por qué saberlo la otra.

Y se queda tan tranquilo, con la satisfacción del deber cumplido.

¿Pero qué deber? ¿Entregar o recurrir contra dicha entrega…?

¿Realmente sabe quién tiene razón, o al menos quien piensa que tiene razón, o le da exactamente lo mismo?

O, lo que es peor, no se entera de nada (que es lo más probable), y se limita a firmar lo que le ponen encima de la mesa.

Este hombre me parece uno de los miembros más falsos del actual Gobierno del PP, y cuidado que hay lelos e inútiles. Más que competentes, que se pueden contar con los dedos de la mano, y sobran dedos.

El todavía ministro de educación, cultura y deporte, piensa que algo habrá que hacer para que los niños catalanes puedan aprender español (mal llamado castellano por la Constitución), pero no sabe cómo hacerlo, sin “ofender” a los separatistas catalanes.

No solo eso, sino que niega la mayor, pues dice “que no le consta que en las escuelas catalanas se persiga al español”. ¡Debe de ser la única persona que todavía no se ha enterado, o lo que es peor, es un cínico y un falso de mucho cuidado!

Y dice que estudiará la posibilidad de proteger al castellano,, como si fuera un idioma en vías de extinción (y desde luego en Cataluña así es), aunque no sabemos si habla como autoridad del gobierno de España, o como máximo responsable educativo de la Generalidad catalana…

Le voy a ofrecer una posible solución: el estudio obligatorio del español como lengua extranjera en Cataluña.

Así seguro que a los separatistas les parecería bien, espero.

En fin, tenemos tantos tontos por kilómetro cuadrado que es casi imposible aumentar su número. Y el territorio nacional, hoy por hoy, es imposible incrementarlo, para que quepan todos…

Habrá que empezar a pensar en exportarlos a otros países donde su nómina sea más reducida, para poder así equilibrar nuestra balanza de felones, pijos progres y tontolabas en general.

4 Comments on "Don Íñigo Méndez de Vigo y Montojo. El melifluo Barón de Claret. Por Ramiro Grau."

  1. Desde luego, este ministro es uno de los más soberbios, falsos e inútiles del actual gobierno.
    ¡Solo hay que ver sus continuas meteduras de patas, o, porqué no decirlo, SU COBARDÍA!
    Dice que no sabe que en Cataluña ¡se persiga al español en la escuela, y se queda tan tranquilo!, por ejemplo…

  2. Este hombre es un inútil con piernas…
    Dice que no le consta que en Cataluña se persiga al español. ¡Debe de ser la única persona de España que no sepa que en Cataluña se persigue a quienes hablan en español o castellano!
    Y se queda tan pancho…
    Hace falta tener la cara dura, muy dura.

  3. Solo hay que verle haciendo malabarismos sobre la cuerda floja, para darse cuenta de que a este hombre le gusta el toreo de salón: hablar si decir nada, etc.
    Vamos, el típico político.
    CREO ES UN DEMOCRATACRISTIANO, aunque no se si no se deberían llamar, más bien, MEMOCRISTIANOS.

  4. Bueno, tiene el pelo algo graso.

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