23-F: 37 años y una sola verdad. La historia del legionario y el sobrino religioso. Por Juan E. Pflüger

Se cumplen 37 años de la entrada del teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina en el Congreso de los Diputados. Desde el día siguiente a aquel golpe de Estado empezaron a elaborarse las más oscuras teorías sobre responsables, involucrados y traiciones.

Muchos periodistas quisieron vivir del tema, y algunos lo han conseguido durante todo este tiempo de secretismo oficial sobre una parte mollar del procedimiento y la investigación. Los dirigentes políticos se pusieron de perfil tras la entrada de los agentes en el Congreso, y no se depuró ninguna responsabilidad política de tantas como se han propagado en libros y artículos.

Los políticos de la transición, fue entonces cuando se produjo el golpe, y los periodistas paniaguados de aquel régimen han podido vomitar todo tipo de teorías porque sabían que la verdad estaba bien guardada en una documentación que quizá jamás conozcamos.

Del 23-F solamente nos queda una verdad. No sabremos con certeza cuántos planes golpistas coincidieron aquella fecha. Quienes los indujeron y quienes los traicionaron. Solamente sabemos que un mando de la Guardia Civil aceptó lo que creía su obligación y ejecutó su parte. También sabemos que se negó a aceptar componendas políticas que desvirtuaran el objetivo con el que él se había comprometido, que no era otro que salvaguardar determinados principios y valores que consideraba irrenunciables para salvar a su patria de un futuro que veía más que peligroso.

Se podrá estar o no de acuerdo con lo que hizo Tejero aquel 23 de febrero de hace 37 años, pero lejos de aceptar prebendas y componendas políticas que se le ofrecieron a través del general Armada, prefirió rendir honor a su palabra y conciencia y abandonar el Congreso, antes que entregarse a una situación de la que posiblemente hubiera sacado buena tajada personal.

La única verdad que nos queda de aquella fecha, independientemente de nuestro planteamiento personal, es que un teniente coronel de la Guardia Civil empeñó su palabra en una causa que consideraba justa y necesaria como servicio a su patria y que, una vez fracasado –quizá traicionado- se negó a aceptar componendas políticas. Después asumió su condena y se retiró discretamente una vez ganada su libertad.

De lo demás, de todo lo que se ha escrito, mejor no hacer caso. Muchos vendieron su pluma y su conciencia solamente para ganar lectores.

Ahora les voy a contar una historia personal al respecto de aquella fecha. Hace más de 30 años conocí a un viejo general que había servido en la Legión. En 1981 estaba destinado en el Centro Superior de Información de la Defensa (CSID). Aquella noche del 23-F estuvo desplazándose de capitanía en capitanía para que los generales que se habían comprometido con el golpe cumplieran con la palabra dada y no se echaran atrás.

Me confesaba que desde primera hora sabía que las traiciones habían llevado al fracaso del golpe y que el día que se supiera la verdad, muchas cabezas rodarían. Era a finales de los ochenta y yo le pregunté por qué no escribía todo aquello para publicarlo. Que sería un éxito de ventas. Jamás me contó las implicaciones reales del golpe de Estado, pero me dijo que haría un manuscrito para que fuera publicado tras su muerte. Se negaba a traicionar a sus compañeros como habían hecho otros tras el golpe para salvarse. Él jamás había sido investigado tras el 23-F y afirmaba que eran muchos los que estaban en su situación guardaban silencio.

Tiempo después volví a coincidir con el viejo general y me dijo que había escrito más de cien folios con toda la información y había adjuntado toda la documentación que poseía de aquello. Cuando le pregunté qué iba a hacer con eso me contestó que se lo había entregado a un sobrino sacerdote para que lo publicase diez años después de su muerte.

Aquel hombre murió, y su sobrino sacerdote había llegado a obispo. Cuando estaba próximo a cumplirse los diez años de la muerte del viejo general legionario curiosamente el obispo murió en un raro accidente doméstico tras una caída en la ducha.

Intrigado por lo que habría pasado con el manuscrito, pregunté a algunos de sus familiares. Nadie sabía nada ni el documento se encontraba entre los papeles personales del religioso. Otra verdad que desaparece sobre el 23-F, y otra puerta que se cierra al conocimiento de la realidad sobre aquel golpe de Estado.

En cuanto a la historia que cuento del viejo legionario y el sobrino religioso, hagan ustedes el esfuerzo de ponerle nombres a los hechos. Es muy clarificador.

3 Comments on "23-F: 37 años y una sola verdad. La historia del legionario y el sobrino religioso. Por Juan E. Pflüger"

  1. Bajo mi punto de vista, lo que ejecutó D. Antonio Tejero fue un “contra golpe”. Su misión: Salvaguardar la Patria.

  2. @elazulmajon | 24 febrero, 2018 at 1:15 am |

    Salvaguardó la Patria ejecutando un contragolpe.

    • Así es.
      Evitó LA DESINTEGRACIÓN DE ESPAÑA.
      ¡La pena es que ahora no tengamos otro TEJERO para evitar una situación idéntica a la de 1981!
      En pocos años España desaparecerá como Nación Estado, y aparecerán como setas envenenadas, varios “estadillos” de chica y nada: Cataluña, el País Vasco, y quien sabe si alguno más…

Comments are closed.