Los hijoputas no tienen edad. Por José Pedro Cruz.

Estoy absolutamente consternado por el asesinato de esos dos pobres ancianos en Bilbao, un matrimonio de casi noventa años, cosidos a puñaladas, destrozados a golpes para robarles los cuatro duros que tuviesen y algún anillo que poder vender. Eran personas muy queridas en el barrio, malvivían con su pensión en el barrio de Otxarkoaga, una de las zonas más humildes de la Ciudad. Según dicen los forenses, Rafael y Lucía, que así se llamaban los ancianos, murieron asesinados con ensañamiento, los chavales de 14 años detenidos por su presunta autoría son un marroquí y un gitano; gente acostumbrada a la calle, con múltiples antecedentes, a los que no les va a pasar nada por ser menores. Estarán unos meses, o algún año con suerte, recogidos en una casa de menores, donde permanecerán más o menos controlados y se les intentará resocializar, antes de proceder a intentar reintroducirles de nuevo en esta sociedad. Pero esa privación de libertad, será como una medida de control, porque penalmente son absolutamente inimputables. ¿Por qué? – Pues porque en nuestro ordenamiento jurídico, muy garantista, se entiende que a ciertas edades, los delincuentes no se encuentran formados intelectualmente para asumir la autoría de los hechos cometidos… Los capitostes de lo políticamente correcto entienden que estos cachorros de hiena, cuando cumplen los dieciocho años, junto con el regalo de cumpleaños, reciben el carnet de hijoputa oficial, homologado; hijoputa de pleno derecho. Y yo me pregunto, ¿y el día de antes, con 18 años menos un día? ¿No eran hijoputas también?. Seguramente en la calle mucha gente se haga la siguiente pregunta: ¿El hijoputa nace, o el hijoputa se hace?.

Yo creo que es una mezcla de las dos cuestiones, desde luego lo que está claro, es que si era imputable el día de su cumpleaños, lo iba a ser igual el día anterior. Y también el anterior al anterior. En su formación se ha ido diplomando en hijoputez, pero es obvio que vinieron a este mundo con el corazón negro, porque lo que no le nace a uno de dentro, sencillamente… no le nace.

Una persona, fruto de la edad, o de la falta de ella, puede no conocer ciertas disquisiciones jurídicas, como por ejemplo: cuál es el lugar de comisión del delito que determina la competencia objetiva en las agresiones de violencia de género, o en qué consiste y hasta dónde llega la responsabilidad in-vigilando. Seguramente no sepa que el que está dentro de un vehículo robado, es coautor de la sustracción del mismo, incluso aunque no sea él quien lo puenteo, o quien lo conduce. Quizás pueda no hilar tan fino, pero… que pegar de estacazos en la cabeza a un pobre viejo hasta ver como parte su alma hacia un mundo mejor; o acuchillar en reiteradas ocasiones a su esposa en el corazón, mientras la pobre permanecía en la cama… que eso no está bien… lo saben los negros; lo saben los blancos y hasta los café con leche. Antes de adquirir la mayoría de edad, que te legitima para ir a votar, sabes sobradamente que cometer una barbaridad de ese calibre, como… que bueno bueno… no es. Antes de adquirir la mayoría de edad, uno adquiere, dos cosas: el uso de razón y la discreción de juicio. Hay quien dice que a los siete y a los once años; yo creo que incluso antes de esa edad, uno sabe que ese tipo de cosas, como mínimo no están bien.

Que matar a tus padres con una Katana, no es, digamos… aconsejable. Que pasar por encima a una niña con el coche tras haberla violado colectivamente, y pegarla fuego, no es lo más procedente, que poner un cable para decapitar a un motorista, es cuanto menos reprobable, que estrangular a una chiquilla con tus propias manos hasta que la lengua le llegue al pecho, no es estético. Y así podríamos seguir poniendo ejemplos.

Yo me pongo en situación e invito a nuestros lectores a que lo hagan. Pongamos un ejemplo, pensemos en un agresor de origen marroquí, hijoputa de edad incierta, no se trata de un comentario xenófobo, sino de una manera objetiva de observar la realidad. Un chico que tenga aproximadamente dieciséis años, que ni el mismo sepa cuándo nació, tras haber vivido una vida dura, dura de verdad, sin haberse criado protegido entre algodones, acostumbrado a robar para comer, en países donde si te pillan, te pueden incluso cortar una mano, habiendo tenido que dejar a su familia, o habiendo sido abandonado por ella; en algunos casos voluntariamente o por orfandad. Este chiquillo que está acostumbrado a ver cadáveres por la calle, tiene un nivel de maduración incluso mayor que otro crio de la misma edad, educado en España (sea cual sea su etnia y condición), pues bien, llega el marroquí de nuestra historia a España en los bajos de un camión y según llega a este país, se encuentra a una niña monísima con su carpetita que va al “insti”, con una faldita corta, que se le hace provocadora, apetecible, deseable, se dirige a ella, y tras amenazarla, se la lleva a un portal próximo y la viola reiteradas veces, antes de matarla para que no “cante”; cuando por fruto de la casualidad, de la labor policial, o de su ADN, le agarran, y le van a condenar porque haber dado rienda suelta a sus instintos sexuales más primarios como hacía en su país. Entonces se entera de que no le pueden hacer nada porque es menor. Da lo mismo que su tercera pierna no tenga nada que envidiar a la del negro del Whatsapp. Es un niño, y no le van a hacer nada, casi le ofende que le llamen niño, con lo que ha vivido, con lo que ha matado, con lo que atesora. Pero bueno, bien le viene…

Yo me pregunto y les pido que lo hagan hurgando en sus recuerdos… ¿alguno en plena subida hormonal con 16 años, albergaba alguna duda de que no se podía violar a una niña con la que se cruzase por la calle, por cortita que llevase la falda?. ¿Alguno no sabía con 13 años, con 11 o con nueve, que matar a tus padres, era un acto reprobable, que era algo objetivamente muy malo?. ¿Alguno si fuese el padre de esa menor ultrajada y este hijoputa infantil cayese en sus manos le iba a pedir el carnet, para saber si ya cumplió los 18? Seguramente no. Porque un hijoputa no tiene edad, es sin más, a un hijoputa ya se le ve venir, ya sea haciendo Bulling a sus compañeros de clase, o ya sea presumiendo de cheira en el parque, ya sea metiendo mano a sus compañeras, o pegando a sus progenitores. Aunque la maldad sea innata, se va recociendo, se va fraguando y desde luego no hace falta llegar a los dieciocho años para ser imputable, o en incluso en los casos de desconocimiento de la edad del individuo, hacerle una ridícula radiografía de la muñeca que nos dirá si el homicida se ha de comer veinte años o no.

Otros países de larga tradición democrática, tan avanzados como el nuestro o más, así lo ven, y cuando se encuentran con semejante ralea de individuos les aplican todo el peso de la ley, incluso aunque sean menores. Hay que ser menos cínicos y adaptar algunas leyes.

El otro día me llegó un correo del padre de Diana Quer, solicitando la prisión permanente revisable, e inmediatamente lo firmé, en lo personal me parece una tontería, con que los autores de hechos tan execrables cumpliesen íntegramente sus penas, ya irían arreglados. Pero no dudé, quien soy yo para no hacer ese favor a un hombre que ha tenido que conocer la muerte de su ángel, de su niña querida. A mí que más me da, que le metan veinte, veinticinco años, o que le corten a cachitos, porque este, aunque mayor de edad, también es un hijoputa. Pues si ese padre descansa tranquilo por haber conseguido un millón de firmas… pues sea.

Pero considero más importante, que estos efebos de hijaputez demostrada, conozcan las mieles de la prisión. La auténtica responsabilidad de sus actos de la que tienen que derivar consecuencias acordes con sus acciones, no sólo por el sentido de reinserción de la pena, puesto que difícilmente puede haber reinserción en un centro de menores cuando es escaso el tiempo de permanencia que se les obliga a permanecer allí, y además por otra cuestión: el sentido retributivo de las penas, de las que la mayoría parece haberse olvidado en esta sociedad tan progre-tonta. Cuando uno comete un ilícito, la justicia debe castigarle, retribuirle unas penas que eviten la venganza de los afectados, de manera que el monopolio del castigo recaiga en nuestra sociedad en vez de en las víctimas y en sus familiares, porque si no es así, si sólo miramos la reinserción como único fin de la pena, estamos legitimando que los afectados se tomen la justicia por su mano. El estado debe garantizar, que el autor de un hecho debe pagarlo, por él, (para que aprenda), y por los demás, para que se nos garantice por una parte el cumplimiento de un castigo y por otra que cuando recupere la libertad, conserve pocas ganas de volver a repetir.

2 Comments on "Los hijoputas no tienen edad. Por José Pedro Cruz."

  1. No son hijos de puta. Son nietos de puta. Unos cabrones así no se hacen en una generación.
    Y no es un juego de palabras.

  2. Pedro Martin | 30 enero, 2018 at 9:11 pm |

    Déjame firmar debajo de tus palabras ✍🏼✍🏼✍🏼✍🏼✍🏼✍🏼✍🏼

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